Hoy cumple un año más el asesinato del presidente José Antonio Remón Cantera. Hasta que no llegara el caso Odebrecht este magnicidio estaba entre las mayores intrigas iberoamericanas del siglo XX. Hasta la fecha de hoy, ningún Ministerio Público panameño ha mostrado interés en desengavetarlo. Todos los antagonistas y las víctimas detenidas vía falsas acusaciones han muerto. Algo debe haber en este cold case al punto que ningún procurador desde 1955 le ha interesado derretirlo. ¿Omertà?
Antes de los años 30 los gringos mantenían una conspicua presencia tipo policial en Colón y nuestra capital. Luego nos instalaron unidades totalmente panameñas pero bajo la supervisión del Army y Marines acantonadas en el Cerro Ancón. Luego, en la década de los 40 los gringos imponen en toda Centro América, la creación de la Guardia Nacional.
Los bullies ya no eran los gringos en las faldas de Ancón frente a El Chorrillo si no los que, por proxy, pululaban en la Comandancia en la avenida B. Esta táctica regional del Pentágono me recuerda la magistral obra de la Sra. Shelley sobre un tal Frankestein quien, eventualmente, enviste a su creador. Donde ellos empalaron la Guardia Nacional estos gorilitas latinos luego muerden repetidamente la mano de sus progenitores.
Remón era de abolengo pero económicamente era un limpio. Fue becado vía Harmodio Arias a una academia militar en México, se gradúa y trae consigo un dantesco bagaje castrense. En su ascenso en rangos empotra lo aprendido a sus subalternos un peldaño a la vez. Diez años después llega a ser el comandante supremo con control sobre los tres órganos constitucionales. Ya Arnulfo Arias en el poder desconfía de Remón e intenta apartarlo del cuartel. Aquí su némesis lo enviste y convierte a los hermanos Arias en su bête noire descarrilando sus aspiraciones políticas una y otra vez de esos dos coclesanos.
A sus 46 años Remón ya tiene, tras bambalinas, las riendas del país. Ahora opta por regirnos vía la Constitución por medio de las urnas y un cóctel de coaliciones partidistas. Contrario a Rubén Darío Paredes en 1984, Remón pegó un “buen salto” con un aterrizaje perfecto en Las Garzas.
Sin embargo, al llegar Remón a la presidencia sus oscuros hábitos de adinerarse dramáticamente mientras en el cuartel tuvieron ahora su coto. Ya su homólogo norteamericano (Eisenhower) le pedía comisura a los vicios de su fortuna (narcotráfico, burdeles, contrabando, “protección”, etc.) y negociar un tratado que yo considero el más equitativo para ambas naciones; años luz a nuestro favor vis á vis al de 1977.
No me tomes para mal; Remón vio la luz al final del túnel, pero era de un tren viniendo hacia él. Es entonces que optó, sabiamente, por el camino menos tomado y encarrilar las cosas bien. Ya siendo presidente impuso loables reformas en el agro que a corto plazo rindieron frutos. Aunado a eso creó entes de fomento financiero para las industrias manufactureras y silos para el campo.
Las áreas de educación y salud mejoraron dramáticamente. Pero Remón también abrió una caja de Pandora con su reforma daltónica de recaudar impuestos a los ricos y pobres por igual. Aunado a eso, frenó bastante el narcotráfico campante entre los contados antagonistas. Es aquí donde insisto que sus perpetradores eran locales y no foráneos. Meses antes del magnicidio ya su lápida y epitafio estaban siendo tallados. Lilo Vallarino y él fueron advertidos meses antes, pero cero atención thus, voilá.
¿Cuál era el afán de matar a Remón en el otoño de su administración con solo 18 meses faltantes de presidente? ¿Por qué solo permitieron 11 días a su vicepresidente José Ramón Guizado ser presidente para defenestrarlo y luego meterlo preso por 31 meses por una acusación que luego fue retractada? ¿Cuánto dinero corrió en aquella junta secreta de diputados la noche antes del fallo condenatorio de Guizado? Aunque él hubiera convertido agua en vino, sus sentenciadores ya estaban aleccionados.
La historia nos dice que a Julio César lo apuñalaron los diputados Casius, Lucius, Brutus y unos cuantos entogados más. Al presidente Guizado lo apuñalaron 43 diputados (¡la mayoría copartidarios!) y solo ocho salvaron su voto. Entre estos se encontraban varios de sus férreos opositores, tales como Carlos Iván Zúñiga quien luego escribe un extenso j’accuse vía su libro La sesión secreta. Es más, la diputada suplente Josefina Higuera confiesa luego que en esa sesión le compraron el voto contra Guizado por $3K.
En fin, del teutón compositor Richard Wagner estar vivo hoy le hubiera dedicado su magistral ópera Götterdämmerung a Remón. Él emergió de su pauperismo debido a la partida prematura de su padre y amasó tremenda fortuna por varios medios en sus 40 vías oscuras, maneras. Su control total de Las Garzas, la Comandancia y el patriciado exudó respeto, pero también pavor entre sus detractores. Chichi ya levitaba por todo lo alto en lo que a poder absoluto se refería.
Su esnobismo fue su tendón de Aquiles y, al igual que el griego Ícaro, se desplomó al abismo por un solo atinado balazo aquella fresca noche del 2 de enero de 1955. Luego, aquellos con poder y vínculos familiares al asesinado (sospechosamente) mostraron poco interés en resolver el caso, obstaculizaron las serias investigaciones por parte de peritos internacionales y convenientemente cerraron el caso. ¿Et tu, Brutè?
“Ni millones ni limosnas, queremos justicia”.
El autor es ingeniero en sistemas y telecomunicaciones
