Hay en Panamá un problema grave. Un martirio a gran escala. Es una, entre las tantas dificultades existentes, que sufren nuestros hogares, un dolor de cabeza de todos los días, y que conlleva, lastimosamente, al deterioro de la calidad de vida de los panameños.
Es un mal que, por años, han reconocido los distintos gobiernos. Y qué decir durante los torneos electorales, el mismo ha sido tema de campaña para ganar el voto popular. Pero hasta ahí.
Desde luego que no desconocemos las inversiones realizadas, pero la verdad es que lo que se ha hecho, como política pública para resolverlo, no ha respondido a las necesidades cada vez más crecientes. Hablamos del agua para beber, cocinar, lavar, asearse, en fin.
Precisamente, el actual gobierno, en tiempo de campaña y en voz del entonces candidato, hizo la promesa de “agua 24/7”. Esto es, agua potable en los hogares, a cada hora y días, como debe corresponder en un país donde ese recurso líquido no debe faltar por la riqueza hídrica que poseemos. Sin embargo, y para decepción de la comunidad nacional, semejante promesa fue tan solo eso. Una promesa que resultó incumplida. Una vez en la silla presidencial, el tema del agua desapareció como chubasco en tiempo de verano.
Es el retrato de lo que ha sido, por décadas, el fracaso de la política pública, por demás mediocre, respecto a cómo tratar con una necesidad muy básica para la población. De tener kilómetros de tuberías en gran parte del territorio nacional, pero por donde no corre agua.
Y si corre, su fuerza no alcanza a los cientos de miles de hogares de la geografía nacional.
Por tanto, ante las expectativas que nos trae el nuevo contexto electoral, y la proximidad de tener un nuevo ejecutivo en el timón de la nación, resulta perentorio que al oído de los candidatos llegue la inquietud de un asunto que angustia a la gente. Es la angustia y frustración de recibir, si acaso, unos cuantos “chorritos”, unas cuantas gotas, durante las 24 horas.
Por ello, vemos con buenos ojos, con atinada visión, lo planteado por el candidato Laurentino Nito Cortizo, en un conversatorio con universitarios colonenses. Colocar el problema del agua como uno de los ejes esenciales de la política de Estado y entendiéndolo como un asunto de derechos humanos, ello debe devolvernos la confianza de que sí es posible mejorar el statu quo.
Que otro es el manejo que hay que darle a un tema tan vital como es aquello de que cada panameño pueda decir: en mi casa sí llega el agua potable.
El autor es docente universitario