He vivido el despegue de la restauración del barrio de San Felipe y he defendido por escrito varias veces sus evidentes urgencias. Lo hice para ayudar a sacar adelante este sueño, que desde niña siempre acaricié. Volver a vivir en San Felipe me pareció milagroso.
Observo aquí en San Felipe, ayer y hoy, el resultado de muchas carencias y desaciertos, a los que pasaré a referirme.
• Por ejemplo, la virtual toma del Paseo de Las Bóvedas, espacio público de gran belleza, que actualmente está perdido en manos de la invasión de buhoneros.
• No he visto una sola acera reparada para que los peatones podamos circular sin accidentes.
• El absurdo de los bolardos de cemento, colocados de tal manera que quitan espacio para circular en automóvil por la calle, y la dañan rompiendo los adoquines, que tanto costaron.
• Mientras vemos que a la Embajada de Francia se le han conservado facilidades a todas luces excesivas para aparcar sus automóviles, a los residentes del barrio se nos han quitado cualquier cantidad de estacionamientos. Hoy en día no podría llegar y estacionar rápidamente una ambulancia, o cualquier otro servicio que se requiriera prestar a los residentes.
• Se están cerrando negocios al igual que cuando Martinelli reparó con Odebretch las calles de San Felipe.
• La gente ya no quiere venir a los restaurantes del barrio ni a los actos culturales ni a las iglesias por lo difícil que es encontrar estacionamientos y por los problemas de tránsito.
• La seguridad continúa en peligro debido a pandillas y maleantes.
• El estacionamiento pagado a un costado del Teatro Nacional se encuentra en lamentable y peligroso deterioro.
• Es notoria la discriminación y contrasta a simple vista la situación de calles en las que se permite el estacionamiento en ambos lados de las aceras (por ejemplo en la Ave. Central, al costado de la Iglesia de la Merced y el American Trade), mientras que en otras calles se han eliminado totalmente los estacionamientos a ambos lados.
• Lo que pareciera la obsesión de nuestro alcalde por mantener como peatonal la avenida Central y dejarla en manos de la buhonería es, en mi opinión, de lo más desacertado. El papa Francisco nos visitará próximamente y en su recorrido hacia el Casco Antiguo debería entrar por la avenida Central, como entraron en otros tiempos presidentes, reyes y muchas otras personalidades.
Un crédito que hay que dar al señor alcalde es el haber logrado erradicar casi por completo el estacionamiento de autos sobre las aceras.
Señor alcalde, nuestro clima no permite que podamos en Panamá caminar por las calles, como se hace en Canadá, Bogotá, Medellín y en otros lugares. Aquí o hace mucho calor o se viene un buen aguacero.
Los problemas del transporte público y nuestro clima hacen que el más humilde panameño sueñe con tener un carro.
El incumplimiento de las leyes vigentes; la lentitud en los programas de reubicación de la buhonería para que no se tomen los espacios públicos; la pobre atención de necesidades vitales, como la seguridad, el orden y aseo; la casi nula movilidad vehicular, son problemas que aún tienen soluciones posibles de lograr.
Señor alcalde, a mi entender, sobre usted recae la responsabilidad principal en la solución del absurdo pero aún reparable desorden en que el Casco Antiguo se encuentra.
La autora es ciudadana