Ojalá todos tengamos una idea de la inmensidad del universo

Mirar el universo en su verdadera escala nos confronta con nuestra pequeñez y nos invita a ejercer poder, convivencia y ciudadanía con mayor humildad y conciencia.

Ojalá todos tengamos una idea de la inmensidad del universo
La inmensidad del universo.

En víspera de la Navidad de 1968, cuando el Apolo 8 realizaba la primera circunnavegación de la Luna, con el objetivo de obtener vistas de su lado oscuro y de las posibles áreas del posterior alunizaje del Apolo 11, la humanidad entera, en particular los astronautas de dicha nave, quedó anonadada al observar la primera “salida de la Tierra” desde un horizonte extraterrestre. “Fuimos a la Luna, pero lo que realmente descubrimos fue el planeta Tierra”, enfatiza uno de los astronautas. Invito al lector a observar esas imágenes y las impresiones que emergieron de ellas.

El 14 de febrero de 1990, la sonda espacial Voyager 1 giró sus cámaras para apreciar la Tierra, antes de que se adentrara en el espacio profundo. Lo observado fue solo un diminuto punto azul pálido que obligó a su identificación con círculos o flechas. Curiosamente, ese pequeño punto azul inspiró a muchos a revelar todo tipo de comentarios sobre lo insignificante que es la Tierra en su propio vecindario, el Sistema Solar. Invito al lector a ver esas fotografías y leer los escritos que generaron, en particular los de Carl Sagan.

Estamos conscientes de que la unidad kilómetro no es apropiada para dimensiones estelares y creemos poder manejar la unidad años luz, pero ¿en verdad tenemos una clara idea de lo que representan esos 10 billones de kilómetros que recorre la luz en un año? Solo nos aproximamos un poco al asociarlo a las 7-8 vueltas a la Tierra que puede dar la luz en solo un segundo. Nuestro cerebro no está diseñado para imaginar esas magnitudes.

Ya fuimos a la Luna y, al verla con relativa claridad, tenemos la impresión de que está muy cerca. Igualmente, hemos escuchado con frecuencia de los “gigantes gaseosos y helados” del Sistema Solar. Sin embargo, me pregunto cuántos sabrán que entre la Tierra y la Luna hay tanto espacio que se podría alinear el resto de los planetas del Sistema Solar, y todavía quedaría lugar para el “desterrado” Plutón.

Usualmente hablamos de un “cielo estrellado” para referirnos a un cielo “lleno” de estrellas, lo que nos imposibilita evaluar las verdaderas dimensiones involucradas. Veamos otra analogía ilustrativa. Si reducimos el diámetro del Sol a una pelota de fútbol, la estrella más cercana, Próxima Centauri, estaría a 6,300 km, y la galaxia más cercana, Andrómeda, estaría a 4,000 millones de kilómetros. ¿Puede usted manejar estas dimensiones, a pesar de la pequeña escala escogida?

La Vía Láctea y Andrómeda componen parte del llamado Grupo Local, que se encuentra en el Cúmulo de Virgo, que a su vez pertenece al Supercúmulo de Laniakea. Este último no representa ni el 1 % del llamado universo observable —imagínese lo no observable—. No fue difícil aceptar que la unidad de años luz era inadecuada para estas magnitudes, por lo que se recurrió a los “megapársecs”, que prefiero no describir, para no incrementar esa confusión en nuestro cerebro.

A lo anterior debo añadir que toda la información que nos ofrece el universo es en tiempo pasado, porque nuestro informante, la luz, es en realidad muy lenta. Sí, muy lenta. Solo a manera de ejemplo mencionaré que estudiamos con mucho interés la estrella Betelgeuse, porque se estima que está próxima a convertirse en una supernova, pero como la estrella se encuentra a más de 600 años luz, es posible que haya explotado hace muchos años, aunque no lo sabremos hasta que esa luz llegue a la Tierra. ¡Eso es frustrante!

De todo esto emana la interrogante sobre lo que se podría hacer ante nuestra incapacidad para comprender las dimensiones cósmicas e impotencia para influir en fenómenos estelares, y mi respuesta es NADA. Solo espero, con este escrito, que el lector incursione en la humildad, porque nada somos como individuos y solo nos engrandecemos cuando actuamos como humanos. Espero que la admiración del universo reduzca el egocentrismo, así como la alienación de aquellos que dicen tenerlo todo.

Ojalá, así como se ha hecho obligatorio que nuestros estudiantes aprendan sobre ecología, el idioma inglés y las relaciones de Panamá con Estados Unidos, entre otros aspectos, para hacerlos mejores ciudadanos, también se evalúe la importancia de que conozcan la inmensidad del universo, o al menos las imágenes descritas al inicio de este artículo. Así reduciremos la cantidad de individuos que se dejan subyugar por aquellos que se creen poderosos en este “minúsculo punto azul pálido”.

El autor es químico industrial y profesor de la Universidad de Panamá.


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