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Ordenamiento territorial: la base del desarrollo

Ordenamiento territorial: la base del desarrollo
Inaugurado en 1913, el histórico Hotel Washington de la ciudad de Colón. 18 de julio de 2024. Foto: Alexander Arosemena

El desarrollo de las ciudades no puede seguir siendo el resultado del azar, la improvisación o la presión desordenada del crecimiento económico. En el contexto actual, donde Panamá se proyecta como un hub logístico de clase mundial, la planificación territorial deja de ser una opción técnica para convertirse en una necesidad estratégica. En ese sentido, la adopción e implementación efectiva de Planes de Ordenamiento Territorial (POT) en cada municipio es una condición indispensable para garantizar un crecimiento equilibrado, sostenible y competitivo.

Un Plan de Ordenamiento Territorial no es simplemente un documento urbanístico; es una herramienta integral de gestión que define cómo se utiliza el suelo, dónde se ubican las actividades productivas, cómo se articulan las infraestructuras y de qué manera se protege el entorno ambiental. Sin esta hoja de ruta, los municipios quedan expuestos a dinámicas caóticas: expansión urbana sin control, conflictos de uso de suelo, congestión vial, deterioro ambiental y, en última instancia, pérdida de calidad de vida para sus habitantes.

La importancia de estos planes radica en su capacidad para anticipar el crecimiento y organizarlo de manera lógica. Permiten delimitar claramente zonas residenciales, comerciales e industriales, evitando la mezcla desordenada de actividades que genera ineficiencias y conflictos. Asimismo, facilitan la provisión adecuada de servicios públicos —agua, saneamiento, transporte, energía— al prever la demanda futura y orientar la inversión pública y privada.

En el ámbito económico, los POT son fundamentales para potenciar el desarrollo de zonas comerciales e industriales. Un municipio que define con claridad sus áreas productivas, sus corredores logísticos y sus nodos de conexión, se vuelve más atractivo para la inversión. La certeza jurídica sobre el uso del suelo reduce riesgos y costos, y permite a los inversionistas planificar a largo plazo. De esta manera, el ordenamiento territorial no solo organiza el espacio, sino que dinamiza la economía local.

Pero su impacto va más allá de lo económico. El ordenamiento territorial es también una herramienta de justicia social. Permite evitar la expansión de asentamientos informales en zonas de riesgo, garantizar el acceso equitativo a espacios públicos y servicios, y promover ciudades más inclusivas y habitables.

En el caso específico de Panamá, la necesidad de planes de ordenamiento territorial adquiere una dimensión aún más relevante cuando se analiza la posibilidad de consolidar una megalópolis logística entre la ciudad de Panamá y la ciudad de Colón. Este eje geográfico, que ya concentra infraestructuras estratégicas como el Canal, puertos, zonas francas y corredores viales, tiene el potencial de convertirse en uno de los centros logísticos más importantes del hemisferio.

Sin embargo, este potencial solo podrá materializarse si existe una planificación territorial coherente y articulada entre los distintos municipios que conforman este corredor. La ausencia de planificación generaría cuellos de botella, expansión desordenada, presión sobre los servicios públicos y pérdida de competitividad frente a otros hubs internacionales.

Los Planes de Ordenamiento Territorial son, en este contexto, la clave del éxito. Permiten coordinar el desarrollo de infraestructuras, definir corredores logísticos eficientes, proteger áreas estratégicas y garantizar la conectividad entre zonas productivas. Además, facilitan la integración entre los distintos municipios, evitando que cada uno crezca de manera aislada y desarticulada.

La construcción de una megalópolis logística no es únicamente un proyecto de infraestructura; es un proyecto de territorio. Requiere visión de largo plazo, coordinación institucional y, sobre todo, reglas claras sobre cómo se organiza el espacio. Sin ordenamiento territorial, cualquier intento de integración será fragmentado e ineficiente.

Por ello, resulta impostergable que cada municipio asuma la responsabilidad de diseñar, aprobar e implementar su propio Plan de Ordenamiento Territorial, alineado con una visión nacional de desarrollo. No se trata solo de cumplir con una formalidad legal, sino de sentar las bases para un crecimiento ordenado, sostenible y competitivo.

La autora es abogada.


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