Exclusivo

Osadía

La Gran Guerra concluyó militarmente en noviembre de 1918. Aproximadamente 10 millones de muertos, 20 millones de heridos, incluyendo mutilados, millones de viudas.

Los campos de batalla quedaron como territorio lunar, inhabitables, muy especialmente en el norte de Francia. En Verdún, todavía hoy hay áreas clausuradas.

El orden mundial previo a la guerra colapsó. Tres imperios desaparecieron. Desde enero de 1919, se realizó una Conferencia de Paz en París, bajo el liderazgo de las grandes potencias, que fijaría fronteras, distribuiría territorios y se repartiría parte de los despojos de los extintos imperios.

También se estableció la Liga de Naciones, bajo la esperanza ilusoria que con ese sistema internacional se evitarían futuras confrontaciones.

En esos días todavía París no era una fiesta, como la que vivieron un par de años más tarde, Hemingway, F. Scott Fitzgerald y la generación perdida. Había cicatrices de la guerra por cada esquina, físicas y humanas. Pero París seguía siendo París. La elegancia y el buen gusto resucitaban, en medio de la escasez, la turbulencia política y la sensación de victoria en el conflicto.

Casi todos los países estuvieron representados. Para marzo ya estaba claro que el Consejo Supremo tomaba las decisiones más importantes. Tal consejo estaba formado por Lloyd George, Primer Ministro inglés; Woodrow Wilson, Presidente de los Estados Unidos; Georges Clemenceau, Primer Ministro de Francia; y, Vittorio Orlando, Primer Ministro de Italia.

Las reuniones formales tenían lugar en la sede del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia con vista al río, en Quay d´Orsay, entre el puente de la Concordia y el puente de Alexandre III. Sin embargo, todos los hoteles de las delegaciones y los restaurantes eran escenario de negociaciones paralelas, conjuras y traiciones.

Margaret MacMillan (Paris 1919, Random House, New York, 2003) cuenta que París era el lugar donde tenían que estar los dirigentes que querían algo para sus naciones, especialmente territorio.

Personajes de todo tipo circulaban en el “escenario”, tales como un futuro Primer Ministro de Japón o como Eleutherios Venizelos, el patriota griego que después fracasó en Anatolia, siendo derrotado por el nacionalismo republicano que dio origen a la actual Turquía; el también futuro primer Presidente de Israel; la Reina Marie de Rumania, glomorosa y pidiendo agregar a su país la mitad de Hungría; Lawrence de Arabia, acompañando al Príncipe Árabe Faysal. En fin, todos estaban allí.

Y, claro, como no podía ser de otra manera, también estaba presente alguien de Chitré, el delegado de Panamá, Antonio Burgos, quien tuvo algunas intervenciones interesantes. Por ejemplo, el 28 de abril, según describe MacMillan, mientras una extraña nevada cubría París, el delegado de Panamá pronunció un discurso sobre la paz, muy largo y erudito, que empezó con Aristóteles y terminó con Woodrow Wilson.

De todos los choques de intereses que habían, uno de los que más llama la atención fue la situación de Italia y sus aspiraciones en el Adriático.

Al inicio de la guerra Italia tenía un tratado de defensa con Austria-Hungría, pero se las arregló para no entrar en el conflicto. Después se pasó al otro lado, firmando en 1915 un tratado secreto en Londres con Inglaterra y Francia.

En ese acuerdo a Italia se le prometió, no solo su soñado control en ciertas partes de las costas del otro lado del Adriático, especialmente la ciudad de Fiume (hoy Rijeka), sino también sobre ciertas islas de Asia Menor y derechos en Arabia y el Mar Rojo.

En París, Italia reclamó el cumplimiento del acuerdo, especialmente en lo que se refería al Adriático, invocando razones nacionalistas, porque habían poblaciones italianas en la región, y también motivos de seguridad militar.

Todas las reclamaciones fracasaron, porque Inglaterra y Francia no mantuvieron su compromiso, molestos por el poco eficaz esfuerzo de guerra italiano, mientras que Wilson tampoco respaldó la aspiración italiana, entre otros motivos porque rechazaba la validez de la diplomacia secreta.

El asunto fue dramático. Se trataba de un miembro del Consejo Supremo que no obtuvo su aspiración más importante. En el despacho de Wilson en París, donde se reunían los cuatro estadistas, Orlando lloró y se secó las lágrimas con un pañuelo mirando a la ventana, el día que le dieron el veredicto de los otros tres.

La delegación de Italia se retiró a finales de abril, justo cuando ya los alemanes llegaban a firmar el tratado. Hubo que editar los textos para quitar toda referencia a Italia. Wilson publicó un comunicado justificando su decisión con motivos principistas que todo el mundo repudió en Italia, donde estalló una poderosa ola nacionalista y de rechazo a Wilson.

Orlando fue recibido como un héroe a su regreso a Roma. No sabemos si se enteró que en París, el delegado chitreano de Panamá lo mantenía en su recuerdo, durante las reuniones en Quay d´Orsay donde Italia dejó de estar representada.

Margaret MacMillan cuenta que en una de esas sesiones posteriores al abandono italiano de la conferencia, “el delegado de Panamá colocó una bufanda negra en la silla vacía de Orlando”, la cual luego “fue retirada por un delegado portugués, que dijo que era demasiado pronto para guardar luto”. En mayo Italia regresó resignada.

Por esas ironías de la Historia, Antonio Burgos posteriormente fue Embajador de Panamá en Roma, donde murió en 1937. En esa misma ciudad siguió viviendo Vittorio Orlando, bastante activo en la vida pública, hasta su muerte en 1952.

El autor es abogado


Última Hora

  • 16:04 Inglaterra busca despejar dudas frente a una República Democrática del Congo que ya hizo historia Leer más
  • 16:00 Minuto a minuto: Asamblea elige a Shirley Castañedas y Mulino da informe a la Nación Leer más
  • 15:52 Decenas de rescatistas luchan por salvar a venezolano atrapado desde hace casi una semana Leer más
  • 15:45 La carrera por la rectoría de la UP: quiénes buscan dirigir la principal universidad Leer más
  • 15:19 Universidad de Panamá decide hoy quién será su rector para el período 2026-2031 Leer más
  • 14:50 Bloise advierte que peleará su espacio en la Comisión de Educación frente a acuerdos de bancadas Leer más
  • 14:05 Cuando la tierra tiembla, la solidaridad sostiene Leer más
  • 14:03 Patsy Lee: ‘No habrá independencia en la Asamblea si Shirley Castañeda la preside’ Leer más
  • 13:43 Panameñistas confirman que se abstendrán de votar en la elección del nuevo presidente de la Asamblea  Leer más
  • 12:56 Bancada del PRD anuncia que votará por Shirley Castañedas  Leer más