“Ovas de oro” es el nombre de un documental chileno elaborado entre 2004 y 2005, prohibido inicialmente en Chile pero disponible ahora en internet, refleja la experiencia de una forma de extractivismo en el ámbito chileno mediante la instalación de la industria salmonera. Haciendo una valoración de la experiencia panameña en cuanto a la crisis minera vivida recientemente, hay elementos análogos entre las dos situaciones que son dignos de analizarse para cosechar lecciones. Entonces, destaco tres aspectos que pueden convertirse en criterios de acción para tomar decisiones al respecto en contextos presentes y futuros.
Primero, el agente de interés. En el filme aludido es una compañía noruega la protagonista de la iniciativa que busca traer desarrollo a Chile mediante el cultivo de bancos de salmón ubicados en las costas chilenas. El ideal es que gracias a este emprendimiento haya puestos de trabajo, mejoría en la calidad de vida de los pobladores costeros, salud, educación, etc. Sin embargo, una visita de los investigadores que elaboran el video muestra lo opuesto en cuanto a las condiciones laborales y de vida en las comunidades vecinas al proyecto. Los pescadores artesanales chilenos se convirtieron en obreros asalariados de la empresa noruega perdiendo autonomía en todo sentido. Cuando los investigadores viajan a Noruega y logran una entrevista con los gerentes de la compañía, se les pregunta sobre estos temas, y explican que ellos no pueden comportarse en Chile con las reglas éticas noruegas. O sea, usualmente el agente extranjero no busca con su inversión la mejoría social de la localidad, sino el usufruto económico neto.
Segundo, las afectaciones locales. Entrevistando a científicos chilenos y noruegos, expertos en las actividades de cultivo del salmón, se explica que debido a los elementos químicos que contiene el alimento que se da a los salmones, poco a poco este se va acumulando en el suelo marino y lo va desertificando. De manera que a medida que las redes que contienen a los bancos de peces se van multiplicando o cambiando de lugar, todo el fondo marino muere. Así pues, aunque a primera vista no pareciera existir deterioro ambiental sí lo hay. De ahí que no solamente los efectos negativos se visibilizan en la población humana sino que también tocan al ambiente marítimo chileno.
Tercero, la soberanía. Indagando sobre los socios locales de las compañías noruegas, el video manifiesta que las alianzas implican a partidos políticos especialmente a la Democracia cristiana, cuyos personeros se muestran abiertos a la inversión extranjera sin mayores condiciones de protección a las industrias locales, especialmente a los pescadores artesanales. Las empresas se convierten así en una especie de “fundo”, o sea una hacienda al estilo chileno, donde el patrón dispone a diestra y siniestra de los bienes y de las personas que ahí habitan. Ello equivale a la pérdida de soberanía en todo el entorno vital conectado con la actividad salmonera pues cualquier decisión debe adecuarse a su interés.
Conectado los elementos anteriores, el caso chileno es paradigmático tanto para Panamá como para el resto de la región en cuanto que expresa cómo el que gerencia la actividad no tiene intereses de generosidad para quien le provee del espacio extractivo, su lógica es la ventaja económica; los efectos adversos tocan generalmente tanto al territorio como a los habitantes locales; y, debido a la debilidad política característica de las élites criollas, en cuanto a la cesión de soberanía para el mejor postor, la autonomía nacional queda comprometida con contratos injustos. De ahí que los procedimientos de consideración para este tipo de actividad deberían pasar por el triple criterio del interés nacional, una afectación manejable y soberanía respetada, sin esto, el fracaso nacional está asegurado.
El autor es docente universitario.
