A mediados de este año, el presidente argentino Javier Milei instauró un nuevo ministerio, llamado Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, con el objetivo de liderar una drástica reducción del aparato estatal (entidades, funcionarios, etc.), desburocratización del Estado y transformación digital de los procesos. A esta tendencia se sumó el recién electo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien nombró a Elon Musk y Vivek Ramaswamy, uno probablemente el genio más aclamado a nivel global y otro un hijo de inmigrantes brillante y altamente exitoso, para crear y liderar lo que llamaron El Departamento de Eficiencia Estatal (DOGE, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es bastante similar al Ministerio creado por el presidente Milei en Argentina.
Invito a Panamá y a nuestros líderes electos en 2024 a replicar esta iniciativa y a impulsar una agresiva desburocratización de procesos y desregulación de nuestra economía, a través del Ministerio de la Presidencia y la Secretaría de Metas. Nuestra economía aún no se recupera, y la pasada administración se dedicó a incrementar subsidios, deuda pública y planilla estatal como nunca antes, sin ejecutar ninguna obra o inversión significativa. El emprendedor, microempresario, pequeño y mediano empresario, en muchas ocasiones, se ahoga en requerimientos, permisos, trámites, entre otros. Burocracia que consume una impresionante cantidad de tiempo (tiempo = dinero) y, a su vez, le brinda al funcionario público las herramientas perfectas para extorsionar. Dejando a las empresas a merced de que “les toque un buen funcionario”.
Es el sector privado o sector productivo el que va a reactivar la economía, pero hoy por hoy, el Estado se mantiene distante de ser un ente facilitador. El Estado, a través del gobierno, puede contribuir desregulando agresivamente y ejecutando obras de infraestructura vial que impacten positivamente la productividad de las empresas y trabajadores, particularmente del sector logístico y transporte, que tiene un peso importantísimo en el PIB de nuestro país. Líderes de otros países y algunas nuevas figuras locales han demostrado que es completamente posible. Podemos enseñar a una población que ha sido acostumbrada a un paternalismo estatal que existe un camino mucho más próspero a través de la libertad. Pero una libertad que implica responsabilidad.
¿Queremos medicamentos más económicos? Eliminemos las barreras, impuestas por el Estado, para la libre importación y distribución de medicamentos aprobados por una entidad como la FDA de Estados Unidos (Administración de Alimentos y Medicamentos).
¿Queremos más médicos, mejores médicos y costos de citas más competitivos? Eliminemos la barrera proteccionista que impide a extranjeros altamente capacitados ejercer en Panamá.
¿Queremos eliminar la escasez o ausencia de agua? Entendamos que, si no se opera bajo un modelo de ganancias y pérdidas (empresarial), jamás resolveremos el problema. Lo que se paga por los servicios de agua es completamente irreal, y ni hablar de la deuda que se mantiene con la entidad. Nos quejamos, con razón, de las distribuidoras de energía eléctrica, pero la realidad es que, si el ente fuera 100% estatal aún, la situación de la electricidad sería igual o peor que la del agua.
¿Queremos mejorar la calidad de la educación pública? Migremos a un modelo de vouchers donde pasemos de subsidiar la oferta a subsidiar la demanda. Que las escuelas sean privadas y traslademos el poder de escoger lo que es mejor para sus hijos a los padres, en lugar de a los burócratas.
Hay ministerios, entidades y secretarías que perfectamente pueden ser eliminadas, y en muchos casos fusionadas para garantizar eficiencia operativa y presupuestaria. El empresario vive constantemente la experiencia de recibir visitas de dos entidades gubernamentales distintas solicitando la misma información para propósitos similares. También ve la ineficiencia del recurso humano y la oportunidad de reducir drásticamente la planilla cuando lo visitan cuatro personas en un carro a pedir un simple documento o a hacer una “inspección”.
El Estado panameño requiere un tratamiento de Ozempic, medicamento creado para mejorar el nivel de azúcar en la sangre, pero que, en paralelo, reduce el apetito y ayuda al paciente a perder peso, cosa que lo ha hecho extremadamente popular.
Hace poco leí un artículo con el título “El Milagro Económico del País Más Rico de Latinoamérica y Sin Petróleo”, haciendo referencia a Panamá, y no puedo estar más de acuerdo con su contenido. Somos un caso de éxito, y considero que para serlo por treinta años más, necesitamos un tratamiento de Ozempic y apostar aún más por la libertad económica. Ya no es secreto, y la evidencia empírica es irrefutable: a mayor libertad económica, mayor prosperidad y desarrollo socioeconómico.
Por mi parte, desde el sector privado, continuaré haciendo todo lo que esté a mi alcance para aportar positivamente a mi país, mi familia y los colaboradores con los que tengo el placer de trabajar.
El autor es empresario.
