El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, adoptado en Marrakech en 2018 por los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU), incluyendo Panamá, parece ser un extenso documento de un ideal imposible, frente al verdadero problema que afronta la migración irregular. Aclaramos que se trata de un marco de cooperación “no vinculante jurídicamente” que, además, contiene entre sus principios rectores a la “soberanía nacional”.
Esto significa, de acuerdo con el documento, que Panamá tiene el derecho soberano a determinar su propia política migratoria y la prerrogativa de regular la migración dentro de su jurisdicción, de conformidad con el derecho internacional. Teniendo la potestad de distinguir entre el estatus migratorio regular e irregular, incluso decidir con qué medidas legislativas y normativas aplicará al Pacto Mundial, teniendo en cuenta nuestras realidades, políticas y prioridades. Pero este Pacto Mundial ha sido aprovechado para permitir toda una cadena criminal, que promueve esta barbarie en el Darién, bajo el pretexto de que la migración tiene “siglos” de existir.
El mundo evoluciona y cuando inician las migraciones a principios de la humanidad, no existían los Estados soberanos. Grupos humanos desarrollaban la creación de territorios propios, lo que significó guerras y toda clase de actos, tanto bélicos como pacíficos, que llegan a instituir el principio de la soberanía.
Ahora estamos echando hacia atrás años luz, y lo que pretendía convertirse en una supuesta migración ordenada, segura y regular en Darién, se transforma en una estela de muerte, enfermedad y basura. Y lo más triste es que los países que empujan semejante atrocidad, exigiendo que Panama deje entrar estos miles de seres humanos a un territorio mortal, nos han dejado solos. Esto último viola el propio Pacto, el cual exige que las responsabilidades sean “compartidas” y reconoce que es necesario aplicar un enfoque integral para optimizar los beneficios generales de la migración.
El desastroso gobierno de Laurentino Cortizo, no tuvo la capacidad ni la voluntad de resolver. Simplemente se quedó delirando frente al aumento indiscriminado de gente, quedando mal ante la comunidad internacional; no porque hayamos fallado alevosamente, sino por la imposibilidad de impedir los crímenes atroces perpetrados en la ruta mortal, como también los accidentes ocurridos e incluso, que miembros del mismo grupo familiar, inclusive, terminen sacrificando a los migrantes más débiles, ya sea por “necesidad” o premeditadamente.
La ruta del Darién representa un martirio contra la vida humana, con algunos Estados, sobre todo vecinos, haciendo nada; permitiendo que esto continúe frente a una comunidad internacional indiferente. Y mientras el gobierno de Cortizo, supuestamente comenzaba en 2022 a aplicar formalmente el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, al mismo tiempo la trocha del Darién -que de ruta humanitaria no tiene nada- continuaba siendo un cementerio, una cloaca y un vertedero de restos humanos, despojos orgánicos y de actos criminales.
Siempre he pensado a nivel personal, que se debe fortalecer un término que hoy, pareciera que la comunidad internacional desea mantenerlo en el silencio y el olvido y que se denomina “Democracia Representativa”. Implica que la comunidad regional en el ámbito internacional, en nuestro caso, vele para que todos los países, sobre todo los que producen una mayor migración irregular, fortalezcan sus instituciones democráticas internas contra la pobreza, el autoritarismo y la corrupción.
Entonces, al leer el Pacto, encuentro que no estaba equivocado, cuando entre los objetivos para la migración segura, ordenada y regular, está el de “minimizar los factores adversos y estructurales que obligan a las personas a abandonar su país de origen”. Esto implica, según este documento, que los Estados se deben comprometer a crear condiciones políticas, económicas, sociales y ambientales adecuadas, para que las personas puedan vivir de manera pacífica, productiva y sostenible “en su propio país”, o sea, en el que ellos son nacionales o de origen, y cumplir sus aspiraciones personales.
Por consiguiente, los Estados no pueden ser indiferentes, frente a quienes usurpan y se aprovechan del poder, en los países en general y, en nuestro caso, en el territorio de nuestros vecinos. Lo cual, incita a la migración irregular masiva que hoy, se traduce en el drama migratorio a través del Darién. Migración esta que no es ni segura ni ordenada ni regular.
Utilizar el Pacto Mundial para promover un movimiento migratorio como el que atraviesa la región darienita es el mayor de los contrasentidos frente al respeto de los derechos humanos en las fronteras, frente a la garantía del derecho de los migrantes a acceder a los servicios básicos como sanidad, educación y apoyo social y frente a la protección del derecho a la vida en el contexto de la migración.
Esta tragedia debe terminar y si la única opción es detener la entrada masiva al Darién, que se haga bajo el amparo de la soberanía nacional panameña; cumpliendo y protegiendo a cabalidad los derechos humanos de los migrantes, bajo un retorno sosegado y cuidadoso a sus países de origen.
El autor es abogado.
