Vengo escuchando el tema Uber desde hace meses y realmente no había puesto mucha atención sino hasta cuando fui a México y tenía que utilizar un transporte, y realmente superfácil, superamable, económico, estaba sorprendida con los precios, pero casi tenemos un accidente cuando el joven que conducía nuestro automóvil se tiró de una calle secundaria a una principal y le pegó a un automóvil.
Nada grave, pero mi acompañante resintió en el cuello y cintura algunos golpes más tarde. Por supuesto, reportamos lo sucedido a Uber y tomaron los datos y estuvieron pendientes.
Luego de eso, estuve pensando qué tan conveniente era Uber y quién iría a pagar los daños de los dos vehículos, y qué tal si nos hubiese sucedido algo, ¿quién tenía la responsabilidad? ¿Uber? ¿El dueño del vehículo? ¿El chofer? Y pensé, ¿qué seguro tendrá ese automóvil? Nunca lo averiguamos porque nosotros habíamos comprado un seguro de viaje adicional antes de salir de Panamá, y como en ese momento no sentíamos nada, solo tomamos otro Uber, mientras el conductor esperaba el tránsito para su protocolo de accidente.
Una de estas mañanas, mientras oía a unos conductores de Uber en un programa de televisión, pensé, pobres nuestros panameños que deben asumir todos los gastos visibles y ocultos de sus automóviles mientras se vende una tarifa regalada al consumidor final, que no comprende que estamos creando más pobreza, porque mientras una empresa internacional como Uber se lleva la mayor parte del pago que se realiza, los dueños de vehículos no han entendido que hay un gran costo que no se refleja en la facturación de ventas de Uber.
Por ejemplo: los costos más visibles, costo de chofer, seguros, impuestos al Estado, depreciación del carro, costos de repuestos en llantas, piezas y el mantenimiento. Otros costos ocultos como rayones, parqueos y multas, licencias, accidentes o incidentes. ¿Quién los paga? Supongo, por el precio que pagamos los usuarios finales, no se refleja en el costo de la facturación Uber y que estos los paga el dueño del vehículo, que aumenta potencialmente el desgaste y devaluación del automóvil que está en el país donde se ofrece el servicio. Entonces me pregunto ¿no se está empobreciendo a gente que ingenuamente lo ve como un ingreso? ¿No hay una fuga de divisas nacionales para que una compañía internacional gane?
Otra pregunta sería ¿no nos toca como Estado hacer análisis más profundos para mejorar el servicio nacional, que incluye controlar los sindicatos que están permitiendo abusos y malos servicios? O sea, ¿no nos tocará toda esa carga social que se puede estar creando en algunos casos donde se piensa en esto como opción de trabajo o de microempresa? ¿Puede esto competir con los transportes formales?
Prohibido no profundizar en esto; no cerremos los ojos como clientes finales con una responsabilidad individual para ahorrarnos un par de dólares, empobreciendo a otros, y para el Estado que debe hacer investigación y análisis financiero para el bien común.
La autora es empresaria.