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EDITORIAL

Un país huérfano de justicia

En víspera del Día de la Madre, la Corte Suprema de Justicia le asestó una estocada al Estado de derecho. Un muy peculiar pleno -una combinación de una minoría de magistrados principales y una mayoría de suplentes- desbarató la institución del amparo de garantías constitucionales, hizo mofa del sistema penal acusatorio y afectó la reputación internacional del país luego de un largo y engorroso proceso de extradición. El marcador, 7 a 2, favorable a la declinatoria de la competencia de la propia Corte Suprema de Justicia, rememora las postrimerías del régimen militar, cuando entonces las decisiones eran también 7 a 2, gracias a que un par de magistrados –como lo han hecho en esta ocasión 2 de ellos- decidió enfrentar los mandatos de la bota militar. Hoy día, no tenemos cuarteles que le den órdenes a la Corte, pero sí se percibe la presencia del poderoso caballero don dinero. La Corte Suprema de Justicia nos acerca cada vez más al borde del precipicio de un Estado fallido. Sin la certeza del castigo ni la seguridad jurídica de que los procesos judiciales serán llevados a cabo como debe ser, todas nuestras libertades y los derechos de ciudadanos y de extranjeros por igual, están en peligro. Este descalabro de la justicia no fue el producto exclusivo de quienes se alojan en el Palacio Gil Ponce. Nosotros, la sociedad panameña, también hemos dejado que las magistraturas de la Corte sean el dorado trofeo de los amigos del poder. Ya hace tiempo dejó de ser un reconocimiento al talento y a la integridad. La declinatoria de competencia de la Corte en este caso nos deja en la indefensión, cediendo a la voluntad antojadiza de un procesado e ignorando principios fundamentales como la presunción de inocencia y el debido proceso, dando paso al reinado de las tinieblas de la influencia y la manipulación. Prueba de ello es que días antes de la “sesión permanente” del pleno, uno de los más vocales asesores del huésped de El Renacer haya pronosticado, en uno de sus medios de comunicación, que el resultado sería de 7 a 2. Esta infamia jamás será olvidada en la historia patria. Una mayoría de la Corte Suprema de Justicia nos ha traicionado, y ha manchado irreparablemente la dignidad del tribunal. Vendieron sus conciencias y secuestraron el presente y el futuro del país. Y eso, sencillamente, no tiene perdón. 

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