Don Bosco dijo que «la raíz de todos los vicios es el ocio», y eso es lo que ocurre con el condenado y designado corrupto por el gobierno estadounidense, el autoproclamado «perseguido político» y exiliado en la embajada de un país cuyo régimen quita la nacionalidad a los que se oponen; con el muy a nuestro pesar expresidente de la república, el hombre que comete el peor de los pecados contra la patria, decir que vive en un país en el que no hay democracia: mucho ocio.
La arrogancia de creer tenerlo todo controlado, y a su delfín nadando hacia donde quiere, es una prueba de la necesidad urgente de hacer cambios profundos en nuestra ley electoral para lograr cifras de consenso altas y no terminar gobernados por presidentes con un 40% o menos de los votos, revelando una realidad matemática, siempre necia, de que más o menos un 60% del electorado no quiere al ganador, pero ya hace años que la «yuca presidencial» se sirve lubricada para que parezca menos dolorosa.
Tantos tuits necios, y unos directamente absurdos, demuestran que su libertad es plena, y que lo único que se le ocurre es seguir la estela de maldad política que exhiben sus admirados mentores en el arte de victimizarse, azuzando a los votantes para que violenten las calles y salgan a defender su distorsión de la realidad. Mucho tiempo libre es malo, y el vicio del tuiteo arrogante un peligro que puede ejercer por estar en una democracia, que espero no le dé el salvoconducto ni país por cárcel.
Ya es vicio ver brujas por todos lados, ya es enfermizo dar órdenes desde la embajada como si estuviera al mando (y más nos vale que no lo esté). Hará muy bien el presidente electo en desvincularse tajantemente del designado corrupto antes de asumir el cargo de presidente: espero que no sea tan necio para seguir con ambigüedades tibias que no nos convienen.
El autor es escritor.
