La reciente incorporación de Panamá como Estado Asociado del Mercosur, sumada al acuerdo comercial alcanzado entre la Unión Europea y este bloque sudamericano, ocurre en un momento clave para la economía global. Las cadenas de suministro se han venido reconfigurando en los últimos años, a raíz del COVID-19 y luego por los cambios en los esquemas arancelarios impulsados por las grandes economías. Dadas estas situaciones, el comercio busca mayor previsibilidad y los países que ofrecen conectividad, estabilidad y servicios eficientes ganan relevancia. En ese escenario, Panamá tiene la oportunidad de jugar un papel activo.
Ser Estado Asociado del Mercosur no implica una adhesión plena ni compromisos arancelarios automáticos. Sin embargo, sí abre la puerta a una relación estructurada con un mercado de más de 270 millones de personas, con fuerte peso en producción agrícola, energética e industrial. Para Panamá, esto representa una oportunidad estratégica más que un reto inmediato y, por ello, es momento de prepararse.
El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur amplifica esta oportunidad. La convergencia de ambos espacios comerciales crea un corredor económico de enorme escala, donde fluyen bienes, servicios, inversiones y tecnología. Panamá puede posicionarse como un punto de conexión natural entre Europa, Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, no solo en el tránsito físico de mercancías, sino también en servicios de valor agregado.
Nuestra principal ventaja sigue siendo la logística. El Canal, los puertos, la conectividad aérea, las zonas francas y el sistema financiero conforman un ecosistema difícil de replicar en la región. La pertenencia asociada al Mercosur permite a Panamá ofrecerse como plataforma de distribución, almacenamiento, consolidación y reexportación para empresas europeas interesadas en el mercado sudamericano y viceversa. No se trata únicamente de mover contenedores, sino de integrar servicios aduaneros, seguros, financiamiento, cumplimiento normativo y soluciones digitales.
A esto se suma el rol de Panamá como centro de servicios. En un comercio cada vez más sofisticado, los servicios tienen un peso comparable al de los bienes. Asesoría legal y fiscal, arbitraje, logística avanzada, gestión de riesgos y servicios marítimos y aeronáuticos encuentran en Panamá un entorno competitivo. El vínculo con Mercosur y su mayor acercamiento a la Unión Europea puede atraer empresas que busquen una base regional confiable desde la cual operar.
El Régimen de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM) permite establecer en Panamá este tipo de actividad y gestionar desde el país la operación regional de grupos empresariales con un costo competitivo y alto valor agregado.
Además, un ángulo que merece mayor atención es la manufactura liviana. Panamá no ha sido visto tradicionalmente como un país manufacturero. Sin embargo, la tendencia global hacia cadenas de suministro más cortas, diversificadas y cercanas a los mercados finales abre una ventana de oportunidad. Productos de ensamblaje, transformación ligera, empaques especializados, dispositivos médicos, alimentos procesados y bienes intermedios pueden encontrar espacio en Panamá, aprovechando la conectividad y la rapidez para llegar a múltiples destinos.
Las zonas económicas especiales, bien utilizadas, pueden convertirse en polos de manufactura orientada a la exportación, especialmente si se articulan con los mercados del Mercosur y el acceso preferencial que este tendrá a Europa. No se trata de competir en volumen ni en costos laborales bajos, sino en eficiencia, tiempo, cumplimiento y acceso a mercados.
Por supuesto, estas oportunidades no se materializan solas. Requieren políticas claras, seguridad jurídica, inversión en capital humano y una coordinación público-privada efectiva. También exigen una narrativa país coherente: Panamá como hub logístico, de servicios y de producción inteligente para el comercio internacional.
La asociación con Mercosur y el nuevo escenario comercial entre Europa y Sudamérica no son fines en sí mismos: son herramientas. Bien utilizadas, pueden ayudar a Panamá a diversificar su economía, atraer inversión de calidad y fortalecer su posición en el comercio global. Mal aprovechadas, quedarán en simples anuncios diplomáticos sin impacto real.
Hoy, más que nunca, Panamá tiene la posibilidad de pasar de ser un punto de paso a convertirse en un nodo estratégico del comercio internacional. La pregunta no es si la oportunidad existe, sino si estamos listos para aprovecharla y comunicar de manera adecuada y efectiva las ventajas que ofrece el país como parte de este gran bloque económico.
El autor es Socio Líder Deloitte Panamá

