En las próximas semanas y meses, la ciudadanía panameña se abocará a debatir sobre el país que quiere construir en los siguientes 5 años.
Independientemente de quiénes sean favorecidos por los dos millones de votos o más que podrían emitirse, los retos del país deben ser muy claros para todos. Panamá es un país que destaca tanto por su alto ingreso per cápita como por la velocidad del crecimiento de su economía. Al mismo tiempo, se observa un avance muy lento en los indicadores de bienestar social.
Aunque probablemente encontremos menciones frecuentes sobre los sectores de salud, educación y lucha contra la pobreza en las promesas que hacen los candidatos presidenciales, ganaríamos mucha más claridad y sencillez si pensamos primero en la situación de los niños y las niñas. A menudo nos referimos a la niñez como el futuro de la nación. En estas líneas, quisiera contribuir con unos pensamientos acerca de su presente.
Las personas menores de 18 años representan el 30% de la población en Panamá, según el Censo 2023. Son poco más de un millón doscientas mil personas. Aunque no voten, sus vidas son frágiles si sus familias, sus comunidades y el Estado no les proveen las atenciones y servicios que requieren para crecer sanamente y desarrollar todo su potencial, ya sea como personas, ciudadanos, trabajadores, emprendedores, padres y votantes.
Todas las estimaciones que se conocen sobre familias en situación de pobreza nos dicen que los niños, niñas y adolescentes son desproporcionadamente los más afectados por la carencia de los recursos mínimos necesarios para sobrevivir. Un estudio reciente del Banco Mundial y Unicef (Global Trends, 2023) estima que, en Panamá, aproximadamente el 23% de las personas entre 0 y 17 años vive con menos de $6.85 al día. Esto significa que 284,160 niñas, niños y adolescentes viven pobres de ingresos, con múltiples consecuencias, como acceso limitado a una buena nutrición, servicios de salud, educación de calidad o agua potable. Crecer con estas carencias tiene efectos para toda la vida.
Las cifras promedio del país son engañosas porque no evidencian la concentración de las privaciones en la población más vulnerable: la niñez. Según las estimaciones del Ministerio de Economía y Finanzas, las comarcas muestran los porcentajes más altos de concentración de pobreza. Así, por ejemplo, la más reciente encuesta de salud y nutrición del Minsa (Enspa 2019) evidencia que el promedio nacional de niños y niñas que muestran retraso en el crecimiento debido a una nutrición insuficiente alcanza el 16%; no obstante, dicho promedio en las áreas indígenas sube hasta el 39%, más del doble del promedio nacional. Se estima que solo el 3% de los niños y niñas menores de 3 años en Panamá acceden a centros de atención integral a la primera infancia, mientras que tenemos experiencia internacional demostrando que el desarrollo infantil durante esta etapa de la vida es esencial para su futuro desarrollo físico, emocional e intelectual.
Nuevamente, si bien el promedio nacional de los niños y niñas de 4 y 5 años que no atienden el preescolar es del 38% (Unicef y Meduca, 2022), sabemos que dicho porcentaje está concentrado en las comunidades más pobres, donde la población es mayormente indígena y afrodescendiente. El preescolar es un factor asociado a la calidad de los aprendizajes, es decir, que un estudiante que no asiste a preescolar puede sufrir rezago educativo en la primaria. Al mirar la situación educativa de los adolescentes, encontramos que el 84% de los estudiantes de 15 años no alcanzan el mínimo de competencia en Matemáticas y el 57 % no entienden lo que leen (PISA 2022), lo que cuestiona sus posibilidades de seguir avanzando en sus aprendizajes, así como acceder a la educación superior, a un empleo digno y bien remunerado y a participar en la vida del país como ciudadanos.
Unicef hace un llamado a todas las candidatas y candidatos, y al próximo gobierno, a la Asamblea Nacional y a los gobiernos locales para que se priorice la atención a los niños y niñas que viven en situación de mayor vulnerabilidad. Es con ellos y sus familias que el país tiene una deuda moral y política. Invitamos a todas las fuerzas políticas y sociales a visibilizar a los niños y las niñas, en sus territorios y con sus familias, en cada plan y cada estrategia que se proponga para lograr un mejor país.
Unicef es el organismo de Naciones Unidas cuyo mandato es apoyar a los Estados en su rol de garantes de los derechos de niños, niñas y adolescentes. En Panamá, que ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990, Unicef ha mantenido una cooperación significativa continua por más de 30 años con los gobiernos y la sociedad civil, poniendo a su alcance recursos y experiencias acumuladas en el ámbito regional y global por más de 77 años, contribuyendo así a lograr un país más justo y equitativo. El día después de las elecciones estaremos preparados para colaborar con las nuevas autoridades para mejorar las oportunidades y las vidas de niños, niñas y adolescentes, haciendo un mayor esfuerzo allí donde más se necesita.
La autora es representante de Unicef en Panamá.
