El caudillismo, la pobreza y la polarización es lo que vivimos en Panamá. Un país rico, lleno de pobres, un delincuente asilado y condenado, pero acaudillado porque “robó, pero hizo” y un país polarizado entre los Jedi y el lado oscuro de la fuerza, mientras un C-3PO con mascarilla, cuenta sus últimos días en el taburete.
Es cuando el pesimismo se esparce, el populismo se empodera y el autoritarismo se aprovecha. Y así hemos sobrevivido como ciudadanos los últimos treinta años, esperando que eso cambie cada cinco en la elección, sin lograrlo. ¿Por qué? Porque estamos esperando que otros actúen por nosotros. ¿Para qué? Defender la libertad, denunciar el abuso de poder, combatir el crimen y confrontar la corrupción. Pero somos cómodos. No queremos entrar en conflicto, asumir costos ni liderar la resistencia. Y en esa comodidad de hoy, en espera de un Luke como Juan Diego Vásquez o de un Han Solo como Ricardo Lombana, renació el mediocre (a lo gobiernito) con Jabba el Hutt dando órdenes a diestra y siniestra desde la Comisión de Presupuesto, porque la experticia pasó de moda y el talento aburre. Vimos y escuchamos al 8 x 4 = 40 bailar, cantar y simular a Kylo Ren en el despertar de la fuerza. Pero en la elección ni R2-D2 votó por él.
Ya no sabemos distinguir entre el absolutismo de Darth Sidious y el orden liberal de Padmé Amidala. Ya nadie defiende sus ideas como el maestro Qui-Gon Jinn. Mejor es recibir un plato de lentejas (o menos que eso) y encima, infectas. Ya nadie quiere superarse, por esperar al que traerá ese chen chen que vendrá del planeta Tatooine o del destruido Alderaan de la princesa Leia, quien se quedó sin chicha, calabaza y miel. El conocimiento, el intelecto, los hechos, la ley, los méritos o la experiencia de un Obi-Wan Kenobi quedaron atrás. Ahora están la falacia, el clientelismo, la trampa, la burla, la argucia, la mentira y el crimen de Darth Maul y su pandilla de narco políticos reelectos en la Asamblea Nacional, para superarse económica y socialmente. Al punto de que, si alguien de abajo alcanza al de arriba, está bien, no importa cómo, porque tenía ese derecho. O si el de arriba se aprovecha para mandar y atropellar, mejor, si el de abajo sobrevive con su pavo y su paila para que le engorden la panza, aunque viva en un mar de pobreza, de basura y de limitaciones como Dagobah, aquel planeta abandonado donde se autoexiló y murió Yoda.
Total, si ni les importa a estos rebeldes sin causa, sin deseos y sin ideales. Porque este es el Panamá que estamos construyendo, para mantener al pobre ignorante y pobre. Un sistema que le impida pensar al ciudadano, mientras el gobernante solo le interesa desaparecer su propia pobreza y la de allegados, como el villano Wilhuff Tarkin que interpretó magistralmente Peter Cushing, incluso con inteligencia artificial después de fallecido el actor. El resto que se fastidie, mientras los clones sigan votando por los corruptos para que el imperio contraataque.
El crimen organizado de los Sith crece en un país, con la complacencia de quienes deben confrontarlo, a saber, autoridades disfrazadas de “storntroopers”. Las que, a su vez, como el Conde Dooku, son elegidas y reelegidas por quienes se decantan por la plata en el bolsillo, que nadie ve. Y así llegan al poder ungidos como Anakin, hasta que estos decidan rebelarse por el bien común. Entonces tendremos la confrontación entre el investido camuflado de Jedi y un Sith delincuente en búsqueda de su propia impunidad. Y se formará el barrio de trifulca desde la Asamblea Nacional, presidida por el molestoso Jar Jar Binks y convertida en esa Estrella de la Muerte que, desde la Guerra de las Galaxias, terminó hechas trizas.
Algunos dirán que esta metáfora galáctica es el Panamá de hoy, pero de no serlo, se parece. No soy ni seré por mucho tiempo parte de un gobierno, o nunca porque ya soy tercera edad, aunque no lo crea ni me lo parezca; así como George Lucas nunca actuó en su propia saga. Y además, por no tener la experiencia de haber trabajado jamás en el Estado, no generaré esa confianza; así como James Earl Jones nunca fue más allá de ser la mítica voz de Darth Vader.
De lo que estoy seguro es que nunca llegaría al poder imaginando un tren, fingiendo una originaria o inventando el chen chen. Hay demasiadas necesidades en el Panamá de hoy, que podemos priorizar para superar los obstáculos. Y en el medio de la parodia entre Palpatine en la embajada y Vader en el gobierno, esperemos que el discípulo se rebele para acabar con este imperio de corrupción e impunidad que nos ha carcomido desde hace años luz, en esta galaxia llamada Panamá.
El autor es abogado.
