El pasado 25 de abril, Panamá conmemoró el Día del Escritor y la Escritora Panameños, una fecha que trasciende el homenaje simbólico para recordarnos una verdad esencial: sin lectores no hay literatura, y sin literatura no hay identidad.
En un momento en el que la educación enfrenta desafíos profundos, esta efeméride invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa la lectura en la formación de ciudadanos críticos, creativos y comprometidos.
Evaluaciones como PISA y estudios regionales como ERCE, de la UNESCO, evidencian que muchos estudiantes en América Latina, incluido Panamá, no alcanzan niveles adecuados de comprensión lectora. Los datos son claros**: esto no solo limita el desempeño académico, sino que reduce las oportunidades de desarrollo personal y profesional a largo plazo.**
La literatura no se sostiene solo en quienes escriben, sino también en quienes leen con profundidad y pensamiento crítico.
Hablar de la importancia del Día del Escritor Panameño no puede limitarse a recordar nombres ilustres. Es necesario preguntarnos: ¿estamos formando lectores capaces de valorar, entender y continuar ese legado?
Autores como Rogelio Sinán, pionero de la literatura moderna en el país, o Gloria Guardia, cuya obra trascendió fronteras, representan mucho más que un referente cultural. Son evidencia de que Panamá tiene una voz literaria propia. Sin embargo, esa voz corre el riesgo de diluirse si las nuevas generaciones no desarrollan las habilidades necesarias para interpretarla y enriquecerla.
Diversos organismos, como el Banco Mundial, han señalado que fortalecer la comprensión lectora desde edades tempranas es uno de los pilares más efectivos para mejorar la calidad educativa y reducir desigualdades.
Leer no es solo una competencia escolar. Es una herramienta de vida que permite analizar información, tomar decisiones informadas y participar activamente en la sociedad.
Es por ello que esta fecha debe entenderse como un punto de partida y no de llegada. No basta con celebrar la literatura. Es necesario cultivarla. Reconocer a los escritores panameños implica también asumir un compromiso colectivo: fomentar la lectura en los hogares, fortalecer las estrategias pedagógicas en las aulas y promover el acceso equitativo a materiales de calidad.
En ese camino, comienzan a surgir iniciativas educativas que buscan atender esta necesidad desde la base. En proyectos como “ComPa’lee”, que nace del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana (LLAC), coorganizado por el Canal de Panamá y Jóvenes Unidos por la Educación (JUxlaE), entre otros aliados, trabajamos con metodologías centradas en distintos niveles de comprensión y materiales adaptados a la realidad estudiantil, donde evidenciamos que sí es posible transformar la manera en que se enseña y se vive la lectura en Panamá.
Un elemento que no puede quedar fuera de esta reflexión es el rol articulador de las instituciones educativas, las familias y el entorno social. La formación de lectores no ocurre únicamente dentro del aula. Se construye también en el hogar, en los espacios comunitarios y en el acceso cotidiano a libros, bibliotecas y contenidos de calidad. Es fundamental trascender lo declarativo a acciones concretas: programas sostenidos de lectura, capacitación docente especializada en comprensión lectora y el fortalecimiento de bibliotecas escolares y comunitarias.
Es necesario incorporar estrategias innovadoras que conecten con las nuevas generaciones, integrando la tecnología como aliada en lugar de verla como una competencia. Plataformas digitales, clubes de lectura virtuales y contenidos interactivos pueden convertirse en herramientas clave para despertar el interés por la literatura en un contexto donde la atención compite constantemente con estímulos digitales.
Promover la lectura también implica reconocerla como un derecho cultural. Garantizar que todos los niños y jóvenes, independientemente de su contexto socioeconómico, tengan acceso a libros y oportunidades de desarrollar habilidades lectoras es una condición indispensable para construir una sociedad más equitativa, crítica y participativa.
El llamado es claro. El Día del Escritor y la Escritora Panameños no debe pasar desapercibido. Es una oportunidad para revalorizar la lectura como eje de desarrollo nacional y para garantizar que las futuras generaciones no solo conozcan a sus escritores, sino que también estén preparadas para convertirse en los próximos.
Nelson Camarena participó en el LLAC 2022 y Audrey Troetsch en el LLAC 2025. Ambos forman parte del proyecto ComPa’lee.



