Panamá está frente a una encrucijada muy difícil. Primero, el gobierno de turno y, luego, los panameños tendremos que tomar decisiones dentro de los próximos meses que marcarán el rumbo por el cual debemos dirigirnos para beneficio del país como un todo.
Por un lado, tenemos un gobierno al cual le ha tocado negociar no solo con los diputados de la Asamblea Nacional, lo cual, bajo cualquier circunstancia, sería normal, sino que le ha tocado negociar con quienes, idealmente, serían sus contrincantes políticos. Y lo ha logrado hacer bastante bien hasta ahora.
Por una razón u otra, el mayor partido del país pareciera que ha sabido negociar para su propio beneficio, y digo pareciera, pues los resultados de esta negociación no se verán de inmediato, sino con el transcurrir de las semanas en el hemiciclo legislativo. Por ahora, se han apoderado de las presidencias de las comisiones más anheladas por los diputados, pero lo que no se sabe es si este triunfo, parcial o no, viene amarrado a ciertas condiciones, lo cual entonces tornaría el tablero boca abajo, anotando una gran victoria política para el inquilino de San Felipe.
Las dos bancadas que no se alinearon con esa corriente “tradicionalista” parecieran haber asimilado el golpe, no sin antes haber apoyado la rodilla en el tinglado, pero con una de esas “recuperaciones maravillosas” que nos narraba nuestro amigo Juan C. Tapia.
Desde mi balcón, considero que la política partidista empezará hacia el último cuarto del año, con la posible inscripción de, por lo menos, un partido. El movimiento UNE, liderado por Martín Torrijos, ha estado movilizándose y formalizando las bases para crear un nuevo partido, que considero podría estar conformado bastante rápido. Esto debido a la reputación que antecede al expresidente y a la cantidad de antiguos miembros del partido que creó su padre que cruzarán esa línea imaginaria en búsqueda de un partido “torrijista”. Y allí estará la batalla en la que, a mi juicio, el antiguo partido lleva las de perder.
Otro movimiento que considero iniciará su proceso dentro de poco será el que está conformado por diputados que corrieron por la libre postulación y le “robaron” el mandado a los “viejos”, especialmente en áreas como San Miguelito, donde les dieron cátedra. Si efectivamente se les suma el “abogado, cantante y excandidato”, de igual manera considero que llenarían los requisitos para conformarse en un nuevo partido en muy poco tiempo.
Tengo entendido que hay alrededor de 10 grupos que estarían aspirando a convertirse en partidos, dado que el cambio en las reglas del juego, aprobado por la Comisión de Reformas Electorales, incluyendo a representantes de la empresa privada, colocaría una camisa de fuerza a quienes aspiren a la libre postulación para forzarlos a convertirse en partidos. Al final, creo que terminarán constituyéndose uno o dos; dudo que haya espacio para más.
Esto nos dejaría con una “planilla electoral” de alrededor de 15 partidos debidamente conformados, incluyendo el de los trabajadores, que ya es partido de nuevo. Estos últimos pareciera que han encontrado algo interesante en este proceso de conformar un partido, por cuyos candidatos ni siquiera ellos mismos votaron en las últimas elecciones.
El intercambio de figuritas del álbum del Mundial se convertirá en un detalle en comparación con los cambios de “figurotas” que se darán entre partidos tradicionales y los nuevos partidos, y muchos que hubieran aspirado a buscar un puesto por la libre postulación tocarán las puertas de uno de los partidos nuevos o existentes.
Todo esto pareciera indicar que el año electoral se “extendería” por lo menos un año más, lo cual colocaría en una posible zozobra proyectos como el de la constituyente que se han inventado y un par más que están dando vueltas por ahí.
Vuelvo a comentarle al oído del mandatario que ojalá se “impulsara” la finalización del cuarto puente sobre el Canal, para ver si pudiera estar terminado en 2028 y no tener que esperar hasta después de las elecciones. Más que por un tema electoral, por razones humanas, pues miles de conductores desde y hacia Panamá Oeste podrían volver a tener una mejor calidad de vida.
El autor es dirigente cívico y analista político.

