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Panamá lo vale

Panamá lo vale
Muchas personas indican que el sueldo no les alcanza, a la vez que otros se quejan por la falta de empleo. Elysée Fernández.

En la última semana, han sucedido tantas cosas alrededor del mundo que ya ni sabemos por dónde empezar a evaluar lo que sucede y lo que se nos viene encima.

Para nuestra parte del continente americano, hasta hace un par de días, si no era por las noticias que vemos en los medios, podría decirse que seguíamos en nuestras vidas, bastante alejados del acontecer diario. Sin embargo, para los panameños, los anuncios del reciente incremento en el precio de la gasolina como que nos sacaron de la nube en la que a algunos les encanta vivir.

Mientras vemos cómo se reportan bombardeos, muertos y ataques a infraestructuras básicas como escuelas, bases militares, refinerías y pozos petroleros, varios disfrutaban de una cabalgata en el oeste del país, hacían compras en la capital o del radiante sol de las playas. Hasta que el anuncio del incremento del precio de la gasolina nos trajo de vuelta a la tierra. El jueves fuimos testigos de filas interminables en las gasolineras de casi todo el país y hasta hubo personas que empezaron a “prepararse para lo que viene”.

Creo que la prudencia de algunos mandatarios europeos y asiáticos hizo que la guerra en el Medio Oriente se empezara a ver desde otro prisma y no se hubiera convertido en una nueva guerra mundial, como muchos temíamos. ¿Será que alguien todavía se acuerda de que hay varios otros enfrentamientos bélicos, de esos que se iban a acabar en enero del año pasado, y otros que han surgido “por ahí”?

Pero el que se inició hace unas semanas y que supuestamente no duraría mucho ha producido una significativa caída en las bolsas de valores de varias partes, una subida considerable en el precio del combustible, escasez de fertilizantes y varios otros detalles que irán saliendo a medida que la guerra se prolongue. O sea, le está costando miles de millones de dólares a varios, por decir lo menos.

Mientras tanto, en nuestro continente, vemos filas interminables en la mayoría de los grandes aeropuertos de los Estados Unidos de América, la más grande de las Antillas en un apagón total; en Venezuela, el mismo gobierno, con la misma gente, pero ahora, supuestamente, el lobo se convirtió en ovejita mansa. Nuestros vecinos están inmersos en unas elecciones en las que la mayoría de las encuestas arrojan resultados similares, donde habrá una segunda vuelta que podría cambiar totalmente el resultado. El más flaquito del sur estrena presidente, que desde el día uno se ha hecho sentir; ojalá se aleje del péndulo y trabaje en la búsqueda de una reconciliación y unión del pueblo que, al final de cuentas, sin importar quién está arriba, es el que sufre.

Y regresamos a Panamá donde, con nuestro tradicional “folclor”, vemos propuestas de leyes que le interesan a una gran mayoría que sean aprobadas, pero esas no son tan importantes como proponer otras que casi llevan nombre y apellido. Y muchos tenemos los ojos abiertos para ver en qué quedan las reformas al Código Electoral, que deben llegar a la casa de Justo Arosemena muy pronto.

Infortunadamente, las reformas al reglamento interno de la Asamblea duermen el sueño eterno, a pesar de que la mayoría de los diputados saben que es un clamor de quienes los eligieron. Varios de estos están convencidos de que ellos caminan sobre las nubes, por encima de todos los que votaron por ellos, y que deben gozar de privilegios que no tenemos el resto de los mortales, que pareciera que no aprendemos la lección de por quién votar.

En el mismo recinto se debe elegir al próximo defensor del pueblo, ver temas relacionados con la libertad de expresión, la unificación en uno solo del sistema de salud del país y tantas otras cosas que es en lo que deberían concentrarse estos seudo llamados padres de la patria.

Panamá merece mucho más de lo que una parte de estos diputados nos quiere dar. Debemos profesionalizar el servicio público, pero con los más capaces, no con quienes caminaron junto a los hoy diputados. Se debe incentivar la inversión nacional e internacional; solo así podremos salir de esta espiral de desempleo en la que nos tienen metidos.

Panamá lo vale, ¿qué estamos esperando?

El autor es dirigente cívico y analista político.


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