Desde la década de los 80, la desigualdad de ingresos ha aumentado súbitamente en más de 213 países del globo terráqueo. Pero en los 40 años anteriores, de 1940 a 1980, las políticas fiscales progresistas de grandes países como Estados Unidos y la Unión Europea crearon una fuerte clase media y la desigualdad disminuyó consistentemente.
En el primer artículo sobre este tema revisamos cómo calificaba el índice de Gini a Panamá, lo cual ha sido un profundo fracaso: Panamá es uno de los países más desiguales del mundo y el segundo peor calificado de América Latina. Algunos numeritos para ponernos en perspectiva: el índice de Gini evalúa 0 como igualdad perfecta y 100 como desigualdad total. Panamá, en las cifras de 2024, fue calificada con 50.6, es decir, desigualdad extrema. En otras palabras, solo estamos detrás de Colombia y somos el país más desigual de Centroamérica. En calificación de letras, y no números, tenemos una F de fracaso.
La ironía de estos estudios hechos por el FMI y la Cepal es que Panamá crece muy bien en el área interoceánica, o llamado corredor del Canal; el resto del interior, no. También tenemos la gran ventaja de contar con uno de los PIB (producto interno bruto per cápita) más altos de Latinoamérica, pero repartido extremadamente mal. Mantener el 85% de la producción económica en el área interoceánica y no tener políticas de desarrollo para el interior del país no va a mejorar esta nota. Es un factor a evaluar, pero el tener una baja población nos ayuda a estar bien calificados en este rubro. Las estadísticas aquí varían entre $17,000 y $19,000 de PIB per cápita nominal.
Tenemos también la costumbre de confundir o asociar los ingresos con riqueza. Los ingresos son el resultado del flujo de ganancias y la riqueza es el resultado acumulado de esa riqueza, que puede ser bienes inmuebles, bienes muebles, acciones, ahorros, etc.
También debemos considerar que existen tres tipos de desigualdad: la de ingresos, la de riqueza y la de gastos. Siempre que se utiliza la palabra desigualdad se asocia a la izquierda. Y la razón es muy simple: usualmente se vincula a profesores universitarios de economía, maestros, sindicatos, el clero y uno que otro político. Hay un reconocido cura brasileño de los años 60, don Helder Camara, quien decía: “Cuando doy comida a la gente pobre me llaman santo, pero cuando digo por qué no tienen que comer, me llaman comunista”.
El tema no es quitarles a unos para darle a otros, sino que los gobiernos produzcan políticas públicas que ayuden a revertir esta nefasta tendencia generada por administraciones anteriores. La principal forma de detener y revertir esta mala nota es promoviendo el empleo formal, la inversión local y extranjera, y dando un impulso a la educación pública para equiparar al estudiante de escuela pública con el de la privada. La desigualdad empieza en las limitaciones a las que es sometida la juventud que nace en barrios de bajos ingresos o en comarcas, sin condiciones económicas para obtener una educación decente.
También hay políticas fiscales que se pueden desarrollar, pero que inmediatamente se asocian a la izquierda progresista. Lo cierto es que los ingresos del Estado panameño provienen en un 64% de personas naturales y en un 36% de personas jurídicas. ¿Por qué tenemos esta incongruencia? Es una acumulación de políticas públicas mal diseñadas, a pesar de que mantenemos una tasa de informalidad que ronda el 50% de la población económicamente activa.
Entendiendo que este gobierno de José Raúl Mulino no es el culpable de esta mala nota, la pregunta es cuáles iniciativas está llevando a cabo para al menos estabilizar o empezar a revertir esta tendencia. Con la abultada deuda que tiene Panamá, cada día será más complicado revertir esta situación, que se traduce en el aumento de la delincuencia y la inseguridad ciudadana, entre otros males sociales.
Lo cierto es que una sociedad sana y con futuro promisorio no puede avanzar con niveles de desigualdad tan altos. El resultado de esta calificación debe llamar la atención de los políticos que están en el poder, así como de la sociedad civil.
El autor es exbanquero.

