Cuando Laurentino Cortizo Cohen asumió la presidencia de la República de Panamá y pronunció su primer discurso presidencial, mucha gente se sintió agradecida con Dios por la atinada escogencia que había hecho. Sus palabras vendían un nuevo Panamá, apartado totalmente del desgobierno de varios quinquenios.
Sublimó la educación y la declaró reina de su gobierno. Certificó que durante su gobierno se acabaría la corrupción estatal y pronosticó mejores tiempos para los marginados del Estado. Afortunadamente para algunos y desafortunadamente para otros, apareció la pandemia de la covid 19 y las expectativas comenzaron a aclararse.
En primer lugar, con la aparición de la pandemia, hubo que tomar medidas espectaculares como son la aplicación de medidas fitosanitarias especiales para evitar el proceso de contaminación social, habilitar los hospitales y otras instalaciones médicas, para lograr una adecuada atención de los infectados y evitar el colapso del sistema sanitario, suspender la movilidad de las personas, trabajadores y escolares a nivel nacional. Esta situación a simple vista única, no sólo en Panamá, sino en el resto del mundo, provocó cambios en el país. El presidente hizo cambios en el área de salud eliminando la regente del sistema sanitario y sus colaboradores más cercanos. En ese cambio, nombró un nuevo regente y nuevos ayudantes y supuestamente fortaleció el sistema de salud. Los resultados fueron inmediatos, se inició la compra de medicamentos y de otros insumos, sanitarios, pero innecesarios. Los conocedores del tema expresaron en los medios esta anomalía y la respuesta fue obvia: todos los involucrados siguen en sus posiciones y ninguno ha sido detenido ni investigado.
En este hecho sencillo, pero significativo, se rompe el contenido del discurso inaugural en donde prometió cero corrupción. Es posible y así lo creo yo, el presidente no fue beneficiario de estos burdos actos; sin embargo, no hizo nada y los corruptos siguen manejan sus áreas de interés.
En el caso de la educación, suspendieron las clases, las cuales pasaron de ser presenciales a ser por intermedio de medios digitales.
Las escuelas que ya estaban construidas no recibieron ningún tipo de mantenimiento ni modificaciones que permitieran su uso completo al terminar la pandemia, a pesar de la constante crítica de la sociedad, que veía y sentía el descuido exagerado del sistema educativo. Perdón, atendió las escuelas ranchos, lo cual lo hace merecedor de nuestro respeto y saludo. Pero el sistema educativo no requería ese tipo de atención. Se debió revisar la matrícula en cada centro, determinar las distancias que debía recorrer cada estudiante para llegar a la escuela, atender las vías de comunicación y las estructuras de los puentes y construir dormitorios y comedores como un complemento al sistema de escuelas ranchos.
Para el resto del sistema educativo, ya se debía tener un plan de reintegro de la población que se asfixia por los altos precios. Esa es la verdad. Que no se la disfracen.
El autor es académico

