Tierra bendita, testigo de la grandeza de nuestra nación, respaldada por el poder de Dios, quien nos otorgó la libertad y la soberanía total. No podemos permitir que la frustración causada por la corrupción y la actuación de algunos políticos nos lleve a considerar como viable que un país extranjero —en este caso, Estados Unidos— asuma el control de nuestro querido Canal de Panamá.
Entendemos la indignación generada por el impacto de la corrupción en nuestras vidas. Ciudadanos, profesionales y trabajadores, todos estamos cansados de este flagelo. Sin embargo, pedir la intervención de una nación extranjera en nuestros asuntos internos es inadmisible. La solución a nuestra desilusión no está en ceder lo que es nuestro, sino en expresar nuestro descontento a través de las urnas. Es momento de cambiar nuestra manera de votar y elegir con responsabilidad cada cinco años.
Recordemos que el Canal de Panamá no solo simboliza nuestra soberanía, sino que también es el motor de nuestra economía. Subsidia el costo del combustible, mantiene un ITBM más bajo y permite que sistemas como el metro cuenten con apoyo económico. Si queremos un canal más eficiente y próspero, el camino es claro: necesitamos líderes que representen genuinamente los intereses de la nación, actuando con transparencia y eficacia.
No dejemos que la frustración nos nuble y nos lleve a propuestas inaceptables. La solución está en nuestras manos: exijamos un cambio en la política nacional, pero nunca permitamos que otros gestionen lo que legítimamente nos pertenece. Juntos, por un Panamá soberano y libre.
La autora s profesional de la salud.
