He leído con atención el excelente análisis de Eddie Tapiero sobre las nuevas tendencias del sector marítimo internacional. Su planteamiento toca uno de los temas más trascendentales para el futuro de Panamá: la geografía, por sí sola, ya no garantiza el liderazgo marítimo de una nación.
Durante décadas vivimos bajo la premisa de que nuestra posición geográfica bastaba para asegurar nuestra relevancia en el comercio mundial. Y durante mucho tiempo así fue. El Canal, nuestros puertos y nuestra ubicación entre dos océanos nos otorgaron ventajas extraordinarias.
Pero el mundo cambió.
Y continúa cambiando a una velocidad que muchas veces todavía no terminamos de comprender.
Las cadenas globales de suministro se reorganizan constantemente. Las tensiones geopolíticas alteran rutas históricas. La automatización transforma los puertos. La inteligencia artificial comienza a revolucionar la logística mundial. La seguridad energética modifica prioridades estratégicas. El cambio climático influye sobre corredores marítimos fundamentales. La confiabilidad operativa pesa cada vez más en las decisiones de las navieras.
Hoy las grandes líneas marítimas no buscan únicamente ubicación geográfica.
Buscan estabilidad.
Buscan eficiencia.
Buscan conectividad.
Buscan rapidez.
Buscan resiliencia.
Buscan visión estratégica.
Y precisamente allí radica el enorme valor del análisis realizado por Eddie Tapiero: advertir que el nuevo liderazgo marítimo mundial dependerá cada vez más de la capacidad de los países para ofrecer confianza operativa y estratégica a largo plazo.
Panamá debe escuchar con atención ese mensaje.
Porque las naciones no pierden competitividad de un día para otro. La pierden lentamente, mientras continúan creyendo que las ventajas del pasado seguirán existiendo eternamente.
La historia económica mundial está llena de puertos, rutas comerciales y centros logísticos que parecían insustituibles… hasta que el mundo cambió.
El nuevo hub marítimo ya no es solo un puerto
Existe un aspecto adicional que Panamá todavía no termina de comprender plenamente: en el nuevo orden logístico mundial no puede existir un gran hub marítimo ni un gran hub aéreo sin conectividad terrestre eficiente.
Los grandes centros logísticos del planeta no funcionan como infraestructuras aisladas. Funcionan como sistemas integrados.
El extraordinario éxito de Rotterdam no depende únicamente de sus muelles. Rotterdam está conectado ferroviariamente, por autopistas, vías fluviales y centros logísticos, con el corazón industrial europeo. Su fuerza no proviene solo del puerto; proviene de la capacidad de penetrar económicamente el continente.
Singapur comprendió hace décadas que debía convertirse no solamente en un puerto eficiente, sino en el centro de servicios marítimos más sofisticado del planeta.
Corea del Sur integró puertos, astilleros, ferrocarriles e industria pesada para construir una potencia logística global.
China entendió que los corredores ferroviarios internacionales podían ampliar enormemente la influencia estratégica de sus puertos.
Las grandes potencias logísticas piensan en redes integradas.
No piensan en infraestructuras aisladas.
Y allí aparece uno de los grandes desafíos históricos de Panamá.
El tren no es un proyecto de transporte, es un proyecto de supervivencia competitiva
Observo con preocupación cómo algunos sectores nacionales analizan el proyecto ferroviario panameño como si se tratara únicamente de un sistema de transporte interno o de una obra pública más.
Ese enfoque es profundamente equivocado.
El tren interoceánico y su eventual conexión continental podrían convertirse en uno de los instrumentos más poderosos para fortalecer el hub marítimo panameño en el siglo XXI.
Sin conectividad terrestre profunda, Panamá corre el riesgo de convertirse solamente en un punto geográfico de tránsito.
Con conectividad ferroviaria moderna, Panamá podría transformarse en el gran centro articulador entre Norteamérica, Centroamérica y Suramérica.
El tren multiplicaría el valor estratégico de nuestros puertos, integraría regiones históricamente marginadas, reduciría costos logísticos internos y abriría nuevas posibilidades para zonas industriales, centros de distribución, agroexportación y servicios marítimos avanzados.
La geografía nos dio una oportunidad.
El tren podría convertir esa oportunidad en permanencia histórica.
Existe otro aspecto esencial que merece atención.
Un barco moderno es una verdadera industria flotante que opera 24 horas al día, 365 días al año.
Cuando una nave llega a puerto requiere combustible, mantenimiento, reparaciones, repuestos, cambio de tripulación, alimentos, servicios legales, financiamiento, inspecciones, tecnología, seguros, telecomunicaciones y apoyo logístico especializado.
Allí existe una inmensa oportunidad para Panamá.
No basta con observar pasar los barcos.
Debemos convertirnos en el gran centro regional de servicios marítimos avanzados.
Las autopistas del mar
Hace muchos años tuve la oportunidad de estudiar el concepto europeo de navegación de corta distancia y las llamadas “autopistas del mar”.
Sigo convencido de que Panamá debe retomar esa visión estratégica.
La navegación de corta distancia podría conectar puertos centroamericanos, caribeños y suramericanos, reduciendo costos terrestres, descongestionando carreteras y fortaleciendo la integración logística regional.
Panamá posee condiciones excepcionales para liderar ese modelo.
Pero nuevamente aparece el mismo desafío: se requiere visión estratégica de Estado.
El verdadero peligro
A veces converso con compatriotas y percibo una peligrosa sensación de tranquilidad. Como si nuestra posición geográfica garantizara automáticamente nuestro futuro.
Como si el Canal, los puertos y el aeropuerto fueran suficientes para mantener eternamente nuestra relevancia económica.
Pero las grandes transformaciones históricas rara vez anuncian su llegada con estruendo.
Avanzan silenciosamente.
Y mientras avanzan, algunos países evolucionan… y otros permanecen inmóviles, creyendo que el pasado seguirá protegiéndolos.
Ese es el verdadero peligro.
Panamá no puede darse el lujo de vivir contemplando únicamente su geografía mientras el resto del mundo redefine las reglas de la logística global.
Necesitamos más panameños estudiando tendencias mundiales y menos panameños mirándose el ombligo.
Porque el futuro no espera a las naciones complacientes.
El desafío histórico
Panamá todavía posee ventajas extraordinarias.
Pocas naciones tienen nuestra posición geográfica, nuestra plataforma marítima, nuestro Canal, nuestra conectividad aérea y nuestra experiencia logística.
Pero las ventajas geográficas que no evolucionan terminan convirtiéndose en recuerdos históricos.
Por eso resulta tan importante abrir un gran debate nacional sobre:
• conectividad ferroviaria;
• integración territorial;
• servicios marítimos avanzados;
• navegación de corta distancia;
• digitalización logística;
• infraestructura moderna;
• y una verdadera estrategia marítima nacional de largo plazo.
Eddie Tapiero tiene razón al advertir que la confiabilidad será uno de los factores determinantes del nuevo comercio marítimo mundial.
Pero la confiabilidad también nace de la visión.
Las grandes potencias logísticas no esperan a perder competitividad para reaccionar. Se anticipan.
Panamá todavía tiene la oportunidad de hacerlo.
La geografía nos abrió las puertas de la historia.
Ahora nos corresponde decidir si tendremos la inteligencia estratégica para permanecer en ella.
El autor es exdirector de La Prensa
