Panamá ha sido históricamente reconocido como un centro financiero internacional y un lugar seguro para proteger activos. Sin embargo, en los últimos años el sistema bancario ha endurecido significativamente los requisitos para la apertura de cuentas, especialmente para extranjeros. Uno de los principales obstáculos es el requisito conocido como “arraigo”, que en muchos casos implica contar previamente con un permiso migratorio o demostrar una conexión formal con el país.
Este requisito, aunque comprensible desde la perspectiva de cumplimiento y prevención de riesgos, puede estar limitando oportunidades importantes para Panamá en el contexto global actual. Hoy en día, miles de personas en distintas partes del mundo están buscando trasladar sus activos y su capital hacia jurisdicciones estables y seguras. Los conflictos prolongados en Medio Oriente han incrementado significativamente esa tendencia. Muchas familias y empresarios están reconsiderando dónde mantener su dinero y sus inversiones.
Ante este escenario, los países que ofrecen seguridad jurídica, estabilidad política y sistemas financieros sólidos tienen una oportunidad única para atraer capital internacional. Panamá posee todas esas características: una economía dolarizada, una banca sólida y una tradición de servicios internacionales. Sin embargo, el requisito de arraigo puede convertirse en una barrera innecesaria para quienes desean establecer relaciones bancarias legítimas con el país.
Eliminar o flexibilizar este requisito no significa reducir los controles. Los bancos pueden seguir aplicando estrictos procesos de debida diligencia, verificación del origen de fondos y cumplimiento de normas internacionales contra el lavado de dinero. Lo que se propone es permitir que inversionistas y personas con capital legítimo puedan abrir cuentas sin tener que obtener previamente un estatus migratorio.
En un mundo cada vez más incierto, donde conflictos geopolíticos generan inestabilidad financiera en distintas regiones, Panamá tiene la oportunidad de posicionarse como un refugio seguro para el capital internacional. Para lograrlo, es necesario revisar algunas prácticas regulatorias que hoy podrían estar limitando esa posibilidad.
Facilitar el acceso al sistema bancario para inversionistas extranjeros no solo fortalecería la posición de Panamá como centro financiero, sino que también podría atraer nuevos recursos, inversiones y oportunidades económicas para el país. En momentos de cambios globales, la capacidad de adaptación suele marcar la diferencia entre los países que aprovechan las oportunidades y aquellos que las dejan pasar.
El autor es abogado.

