El año 2026 no es uno más en el calendario hemisférico. Coinciden dos aniversarios de profundo significado político: el 4 de julio de 2026, Estados Unidos conmemora 250 años de su independencia, nacimiento de una de las democracias constitucionales más influyentes del mundo; Panamá celebra el bicentenario del Congreso Anfictiónico convocado por el Libertador Simón Bolívar, cuya sesión inaugural tuvo lugar el 22 de junio de 1826. Dos hitos distintos, pero unidos por una misma aspiración: libertad, cooperación entre naciones soberanas y construcción de un orden internacional basado en reglas, derecho y diálogo político.
El Congreso de Panamá fue el primer intento, en el mundo de las repúblicas independientes del siglo XIX, de articular una comunidad política basada en la concertación entre naciones soberanas. Bolívar concibió un sistema permanente que privilegiara la diplomacia sobre el conflicto, el derecho sobre la fuerza y la cooperación sobre el aislamiento. Aquel esfuerzo, adelantado a su tiempo, inspiró posteriormente el desarrollo del sistema interamericano y la evolución del multilateralismo moderno. No es casual que Bolívar proyectara a Panamá, en su Carta de Jamaica, como el “centro del mundo”: nuestra geografía, historia y vocación han hecho de Panamá un puente natural entre océanos, continentes y sistemas políticos.
El aniversario estadounidense no solo conmemora una independencia política, sino la consolidación de un sistema institucional basado en la Constitución, el Estado de Derecho, la separación de poderes y las libertades fundamentales. A lo largo de dos siglos y medio, Estados Unidos ha desempeñado un papel determinante en la defensa de la democracia representativa, el desarrollo económico global y la configuración del orden internacional contemporáneo. Su liderazgo ha sido especialmente relevante en el hemisferio occidental, donde ha contribuido; con avances, tensiones y aprendizajes; a la estabilidad regional, la cooperación política y la promoción de valores democráticos compartidos.
La relación entre Panamá y Estados Unidos ha estado marcada por la historia, la geografía y la interdependencia estratégica. El Canal de Panamá, una de las obras de ingeniería más trascendentales de la humanidad, simboliza ese vínculo. Su reversión plena en 1999 consolidó la soberanía total de Panamá sobre su territorio y su principal activo estratégico. Hoy, el Canal es administrado por la Autoridad del Canal de Panamá, entidad cien por ciento panameña, operada con estándares de clase mundial. Su neutralidad permanente, junto con la neutralidad histórica de Panamá como nación de tránsito y encuentro, constituye un principio esencial para el comercio global, la seguridad energética y la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales.
El hemisferio atraviesa un momento de incertidumbre. Persisten desafíos como el debilitamiento institucional en algunos países, la polarización política, la corrupción, la inseguridad, los flujos migratorios irregulares y el avance del narcotráfico y del crimen transnacional organizado. Al mismo tiempo, la región enfrenta presiones derivadas de la competencia estratégica global, la transformación tecnológica y la reconfiguración de las cadenas de suministro. En este contexto, la cooperación entre democracias comprometidas con el Estado de Derecho resulta indispensable para preservar la estabilidad, la gobernanza democrática y la seguridad regional compartida.
Panamá, fiel a su tradición anfictiónica y a su posición geográfica estratégica, desempeña un papel constructivo en la promoción del diálogo, la concertación internacional y el fortalecimiento institucional. Asimismo, contribuye activamente a la gestión responsable de los flujos migratorios, al combate contra el narcotráfico y a la cooperación regional en materia de seguridad. La defensa de la democracia en las Américas no es únicamente un principio político; es una necesidad estratégica para el desarrollo sostenible, la estabilidad social y la paz regional.
El mundo vive una fase de transición geopolítica marcada por la competencia estratégica, la transformación tecnológica y el reordenamiento del comercio global. En este escenario, Panamá adquiere relevancia renovada como nodo logístico internacional, plataforma de servicios globales y puente interoceánico. El Canal, junto con el sistema portuario nacional, la conectividad marítima y las capacidades logísticas del país, puede desempeñar un papel creciente en la resiliencia del comercio mundial, la seguridad de las cadenas de suministro y el eventual tránsito de nuevas corrientes energéticas limpias que definirán la economía del futuro.
La coincidencia de estos aniversarios ofrece una oportunidad propicia para renovar una agenda común orientada al futuro. Entre las áreas de convergencia destacan el fortalecimiento de la democracia y el Estado de Derecho, la transparencia institucional, la seguridad regional, el combate al crimen transnacional, el comercio, la innovación tecnológica y la cooperación multilateral basada en reglas.
Hace dos siglos, Bolívar imaginó a Panamá como punto de encuentro entre naciones libres. Hace doscientos cincuenta años, los fundadores de Estados Unidos iniciaron un experimento democrático que transformó la historia. Hoy, ambas naciones tienen la oportunidad de proyectar ese legado hacia el porvenir, consolidando un hemisferio más democrático, más próspero, más estable y más cooperativo. La historia nos conecta, la democracia nos compromete y el futuro nos convoca.
El autor es expresidente de APEDE y expresidente del Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá.

