La ciudad de Panamá crece cada año, pero ese crecimiento no siempre se traduce en bienestar para sus habitantes. Para miles de personas, la rutina diaria está marcada por extensos tranques, viajes que superan las dos horas y una dependencia casi obligatoria del automóvil. Esta realidad no es casual, sino el resultado de un modelo de desarrollo urbano alargado, poco planificado y altamente centralizado, que hoy exige ser ordenado con urgencia.
Panamá se expandió durante décadas principalmente hacia el este y el norte, mientras las actividades económicas —como el empleo y los servicios— se concentraron en áreas específicas del centro urbano. Así surgieron comunidades que funcionan como ciudades dormitorio, obligando a sus residentes a viajar largas distancias cada día para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos. El resultado es una presión constante sobre la red vial, una movilidad ineficiente y una calidad de vida deteriorada.
En este contexto, el concepto de la “ciudad de los 15 minutos” aparece como una alternativa que merece un lugar central en el debate sobre el ordenamiento territorial. La idea es sencilla: que las personas puedan acceder a lo esencial —trabajo, educación, salud, comercio, recreación y servicios— a no más de quince minutos desde su hogar, caminando o en bicicleta.
Aunque suele asociarse a ciudades europeas compactas, este modelo no está limitado a ese tipo de urbes. En una ciudad alargada como Panamá, la clave no es concentrarlo todo en un solo centro, sino avanzar hacia un modelo policéntrico, que describe un sistema con múltiples centros urbanos distribuidos estratégicamente a lo largo del territorio. Esto implica dejar atrás la visión de una sola ciudad que lo concentra todo y apostar por una red de centros urbanos interconectados. Sectores como el este y el norte de Panamá, así como áreas intermedias, tienen el potencial de convertirse en nuevos polos de servicios, empleo y equipamientos urbanos —es decir, el conjunto de edificios e instalaciones de uso público—, reduciendo así la necesidad de desplazarse diariamente hacia el centro de la ciudad.
El principal obstáculo para lograrlo es que históricamente el uso del suelo en la ciudad de Panamá se ha regulado de forma poco planificada. La ciudad de los 15 minutos propone justamente lo contrario: un orden urbano basado en barrios mixtos, activos y funcionales, donde sea posible vivir, trabajar y recrearse en un mismo entorno.
Una comunidad que cuenta con escuelas, centros de salud, comercio de proximidad, espacios públicos y oportunidades de empleo local no solo reduce la movilidad forzada, sino que fortalece el tejido social, mejora la seguridad urbana y dinamiza la economía local, generando ciudades más equilibradas y humanas.
La movilidad es un elemento central de esta transformación. Durante años, la respuesta al congestionamiento ha sido ampliar vías y construir más carreteras, una estrategia que ha demostrado tener límites claros. Reducir los tranques no pasa únicamente por facilitar el uso del automóvil, sino por disminuir la necesidad de recorrer grandes distancias todos los días.
Para ello, es indispensable priorizar la infraestructura peatonal, las ciclovías seguras y un transporte público eficiente a escala barrial, articulado con sistemas masivos como el metro. Cuando los servicios están cerca, el automóvil deja de ser una obligación diaria y se convierte en una opción más.
Implementar el modelo de la ciudad de los 15 minutos en Panamá no será sencillo. Requiere actualizar los instrumentos de ordenamiento territorial, coordinar a múltiples instituciones, invertir en infraestructura urbana y, sobre todo, involucrar a las comunidades en los procesos de planificación. También exige un cambio de enfoque: pasar de una ciudad diseñada para los autos a una ciudad pensada para las personas.
Panamá no necesita seguir creciendo hacia afuera sin control. Necesita crecer mejor. Apostar por la proximidad, la descentralización y un ordenamiento territorial inteligente puede marcar la diferencia entre una ciudad atrapada en el tranque y una ciudad más funcional, equitativa y sostenible para las futuras generaciones.
El autor es arquitecto.
