El pasado 20 de julio de 2023, el presidente de la República de Panamá, Laurentino Cortizo, anunció al país, en el marco de la visita de la Secretaria de Comercio de Estados Unidos de América, Gina Raimondo, que Panamá había sido seleccionada como uno de los pocos países con los que Estados Unidos (EU) establecerá una colaboración para reforzar la cadena de valor global de semiconductores. Lo anterior, sin duda alguna, constituye una decisión estratégica importante con sus consecuentes implicaciones geopolíticas, lo cual a su vez amerita de un análisis detenido y de información básica.
Antes que nada, ¿qué son los semiconductores? También conocidos como chips o microchips, son los componentes claves de casi todos los dispositivos electrónicos, incluyendo celulares, computadoras, carros, incluso, aviones. Los semiconductores también inciden en múltiples industrias como las de la construcción y la de salud. En pocas palabras son el elemento vital de la innovación y la política digital. También es una de las bases fundacionales del poder económico, militar y geopolítico de EU. La estrategia estadounidense para semiconductores se sustenta en dos elementos fundamentales, la orientación de mercado de la industria – facilitando la mejora de los productos y la innovación – y el desarrollo de una cadena de valor global.
¿Qué involucra la cadena de valor de los semiconductores? Entre otras cosas incluye la materia prima de los semiconductores (arena de sílice), los materiales y las máquinas empleados en su producción, el proceso mismo de fabricación (fotolitografía), su empaque y prueba. Se trata de un proceso verdaderamente global, pues se estima que un semiconductor atraviesa, en alrededor de setenta ocasiones, distintas fronteras nacionales, antes de alcanzar su destino final.
En dicha cadena de valor, Taiwán juega un rol crítico. En particular, en la relativo a la producción y a la manufactura de semiconductores. Se estima que las compañías taiwanesas tienen una participación del 68% del mercado mundial de fabricación de semiconductores. Si a esto agregamos que TSMC – Taiwan Semiconductor Manufacturing Company – es el fabricante de chips por contrato más grande del mundo y que produce alrededor del 90% de los semiconductores más avanzados, podemos afirmar que Taiwán tiene una posición dominante en esta industria global.
¿Por qué el hecho de que Panamá haya sido seleccionado como colaborador en el proceso de reforzar la cadena global de valor de semiconductores es estratégicamente trascendente? Porque nos encontramos ante un escenario de competencia estratégica entre EU y China a nivel mundial. Uno de los teatros de esta competencia es el mercado de los semiconductores. En agosto de 2022, el Congreso estadounidense adoptó una ley para renovar el “inshoring” de la industria de semiconductores, dos meses más tarde el presidente Biden restringió las importaciones de chips y tecnología relacionada a China. Lo anterior es importante pues tanto la República de Corea como Taiwán se adhieren, en buena medida, a las políticas estadounidenses en este rubro (TSMC está construyendo una planta en Phoenix, Arizona). La competencia es por cuál sistema obtiene la primacía universal. La actual estrategia de semiconductores de EU es una continuación de aquella utilizada en contra de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, en el contexto de la competencia de chips, pues fueron la orientación de mercado de su industria y el desarrollo de una cadena global de valor, los elementos que facilitaron la innovación y el establecimiento de alianzas que, a la postre, le permitirían prevalecer.
Panamá por su ventajosa posición geográfica es una valiosa adición a la cadena global de valor de semiconductores. No obstante, una decisión tan trascendental como esta parece involucrar, también, un pívot estratégico. Siendo esta industria de semiconductores una tan importante en el ámbito militar, no debe verse como una anomalía que el Comando Sur estuviese representado por la comandante Richardson en la reunión con Cortizo. Es por ello que será fundamental, como colaboradores, prepararnos para distintas contingencias, incluyendo el robo de propiedad intelectual e incluso las presiones de orden económico a las que pueden ser sometidos los socios locales por parte de actores que buscan evadir o transgredir las sanciones (corrupción estratégica). También debe tomarse en cuenta las consecuentes implicaciones en materia de soberanía pues ante la falta de capacidades y las múltiples contingencias en materia de seguridad, ¿quiénes se encargarán de salvaguardar activos tan importantes? Renuevo mis votos porque estas y otras consideraciones hayan sido tomadas en cuenta por la actual administración y que lo anterior se haya sopesado a largo plazo como parte de una estrategia internacional panameña.
El autor es abogado y profesor de derecho internacional
