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Panamá–Colón: un transporte que espanta al turismo y pone en riesgo a sus pasajeros

Panamá–Colón: un transporte que espanta al turismo y pone en riesgo a sus pasajeros
Antisociales asaltan a mano armada en los buses Expreso Panamá-Colón ESPECIAL PARA LA PRENSA/Diómedes Sánchez.

Hay cosas que uno termina aceptando como parte del paisaje nacional: el tranque, el calor, las filas, el “ya casi” y, aparentemente, que un autobús salga cuando al conductor le parezca conveniente. Pero cuando hablamos del transporte público entre Panamá y Colón, el problema deja de ser una simple molestia cotidiana y se convierte en un asunto de seguridad, imagen turística y respeto al usuario.

Lo que me ocurrió hace unos días en un bus que debía salir de Panamá hacia Colón a las 4:00 de la tarde es un buen ejemplo. Pasadas las 5:10 p. m., el autobús todavía no había salido, bajo el argumento —o el “pretexto”, según quiera verlo cada quien— de que había que esperar a llenar el vehículo. Y cuando finalmente eso sucedió, aparentemente no bastó con llenar los asientos, sino que había en el piso de abajo nueve personas adicionales —no sé cuántas había en el segundo piso— que hicieron el viaje de pie o sentadas en un tanque de rabito.

Es decir, personas que pagaron por un servicio de transporte y que, además de esperar más de una hora, tuvieron que realizar el trayecto en condiciones que difícilmente pueden considerarse adecuadas para un viaje seguro. Me ha pasado incontables veces que salgo de Colón rumbo a Panamá y se repite la situación: salen puntuales, pero a lo largo de toda la Transístmica recogen pasajeros hasta que vamos todos como sardinas, sin importar la comodidad o seguridad de los usuarios.

Y es justo por eso que aparece una pregunta que debería preocuparnos mucho más que la incomodidad: ¿qué sucede si ese autobús tiene un accidente?

No soy aseguradora ni pretendo adelantar una conclusión jurídica sobre una póliza concreta. Pero sí resulta razonable preguntarse si, ante un siniestro, una aseguradora podría objetar o limitar la cobertura cuando el vehículo transportaba pasajeros por encima de su capacidad autorizada o en condiciones distintas de las permitidas. Y, mientras abogados, aseguradoras y autoridades discuten responsabilidades, hay algo que no cambia: los pasajeros son quienes ponen el cuerpo en el accidente.

El problema tampoco termina allí. En las carreteras panameñas es frecuente observar buses que realizan maniobras peligrosas, circulan a velocidades cuestionables, recogen pasajeros donde no corresponde o incumplen otras normas de tránsito. El usuario termina atrapado entre dos opciones igualmente desagradables: llegar tarde o viajar preocupado.

Y esto tiene una consecuencia que pocas veces se menciona: el transporte también forma parte de la experiencia turística. Podemos invertir millones en promover Colón como destino, hablar de sus playas, su historia, el Canal, Portobelo, San Lorenzo, nuestra gastronomía y nuestra cultura caribeña. Podemos organizar campañas de “ven a conocer Colón”, pero si el visitante llega y su primera experiencia es un servicio de transporte deficiente, impuntual y potencialmente inseguro, acabamos convirtiéndonos en nuestro propio “espantaturismo”.

El turismo no empieza cuando el visitante llega al hotel ni termina cuando entra a un atractivo. Empieza desde que se monta en un vehículo y espera recibir un servicio digno.

Y esto tampoco debería ser solamente una discusión sobre turistas. Los colonenses también merecemos seguridad. Quien utiliza diariamente esta ruta no es un pasajero de segunda categoría. Es un ciudadano que paga por trasladarse y que tiene derecho a hacerlo en condiciones razonables de seguridad, comodidad y cumplimiento de los horarios anunciados.

No se trata de pedir privilegios. Se trata de pedir algo bastante elemental: que las reglas se cumplan.

¿Quién es responsable de velar por que esto no suceda? La seguridad de los pasajeros no debe ser una variable de rentabilidad.

¿Cuándo será el momento en que las autoridades competentes miren con mayor atención lo que ocurre en esta ruta? ¿O tenemos que esperar a que haya una tragedia para que miren y supervisen la ruta?

La autora es abogada.


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