XENOFOBIA

...Y no sería panameño

Estando en el mes de la Patria y aprovechando la perspectiva que solo la distancia del evento nos puede dar, me puse a estudiar las propuestas en las que la diputada del PRD, Zulay Rodríguez, buscaba modificar artículos del decreto ley 3 del 22 de Febrero del 2008, que trata básicamente sobre temas migratorios. Leo en los medios que desde el 2015 la diputada, que también funge como vicePresidenta de la Asamblea, propugnaba reformas al Servicio Nacional de Migración. En octubre de este año volvió a proponer, y sobre el mismo tema, vuelve a presentar un anteproyecto de ley que consta de 17 artículos. A todo esto, y lo que todavía sorprende mas, es el que la Comisión de Gobierno aprobó de manera unánime estas propuestas. Utilizando frases netamente xenófobas y populistas, la diputaba hizo declaraciones como: “nos han quitado y nos están robando nuestro País” o, “ciudadanos extranjeros han desplazado a los Panameños que buscan empleo”, y hasta arremete contra el sector privado, columna vertebral del sistema económico panameño. Siendo imparciales, es verdad que en nuestra historia republicana, existen antecedentes ante estas posturas. La Ley 6 de 1904 restringía el ingreso al país de “norteafricanos, turcos, orientales o asiaticos”. Y que decir de la Constitución racista de 1941, inspirada e impulsada por el gobierno del Doctor Arnulfo Arias, graduado de Harvard, en la que explícitamente prohibía la entrada de “negros de habla inglesa, y a los chinos”, a los que tildaba “como razas indeseables”. Aun así, siento que la propuesta de la honorable diputada va aun mas lejos. Propone que “solamente son panameños por nacimiento, los nacidos en el territorio nacional, de padre y madre panameños”, lo que, de hecho, podría excluirme a mi. Me explico: nací en Kobe, Japon, de padre panameño y madre de origen sirio y de rito sefardita. A la sazón mi papá tenia un negocio de importación de textiles al por mayor en Calle Colón, Salsipuedes. Al surgir el país nipón de la devastación que sufriera durante la Segunda Guerra Mundial, empezó a convertirse en exportador bastante competitivo de productos. Aprovechando dicha situación, mi padre, recién casado , embarcó a su joven y trémula esposa ,y se fue a vivir allá, viniendo al mundo yo y mi hermana menor en tierras niponas. Japón, como muchos países de oriente, se rige por el Ius Sanguinis, hecho que restringe la nacionalidad japonesa a los solo nacidos de madre y padre japoneses, sin importar el territorio (no dudo que a Zulay le atraiga este principio). Por esto mi nacimiento fue inscrito en la Embajada de Panamá en Tokyo, y por esto también mi cédula de identidad personal comienza con las letras PE, hecho que significa , no otra cosa, que soy panameño nacido en el exterior.

Con una Constitución con cláusulas como las propuestas por la Comisión de Gobierno, y que afortunadamente … no tuvieron apoyo en la gran mayoría de los diputados, me pregunto , ¿hubiera sido yo considerado panameño?

En unos videos pude observar como la diputada Rodríguez animaba a sus colegas a ser “valientes”. Valientes a aprovechar la crisis económica que enfrenta nuestro país para incitar a la xenofobia, a utilizar discursos populistas para demonizar al “otro”, culpándolos de males que no son de simple solución. Pero esto tiene la demagogia, que se vale de invocar al miedo y los sentimientos irracionales que todos tenemos.

Panamá, haciendo función de su g eografía, a lo largo de la historia ha servido de tránsito de culturas y bienes. Es alentador que en estas semanas se haya llevado a cabo un Encuentro del Estado y el Mercado: como Organizar una Relación Productiva. En ella, el connotado Economista Ricardo Hausmann ha advertido:”cerrar la inmigración en general, también a la mano de obra calificada, incide en nuestra competitividad porque : “los extranjeros calificados son complementos y no substitutos de los Panameños”.

En unos estudios, recién publicados por un equipo de historiadores de economía de las Universidades de Princeton, Stanford y la Universidad de California, Davis, se prueba como, desde 1880, los hijos de los inmigrantes a Estados Unidos, suben la escalera económica, social y cultural, mas rápido que los nacidos de padres ya estadounidenses. Ran Abramitzky, uno de los autores del estudio , afirma: “la corta perspectiva de lo que tomaría asimilar esa inmigración, subestima el potencial de éxito de los inmigrantes a largo plazo”. Siendo Panamá un país de logística y servicios, jamás deberíamos cerrar nuestras tierras a una inmigración sana y trabajadora.

El que no se hayan levantado mas voces de protesta ante este anteproyecto de ley, claramente oportunista, populista, xenófobo y demagogo, deja mucho que decir.

Un buen inmigrante empobrece el Estado que deja, y enriquece sobremanera al que lo recibe.

El autor es empresario

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