La mayoría de los panameños aspira a que nos ordenemos y salgamos de lo que muchos perciben como un caos, pero muchos no comprenden las razones por las que se ha dado el caos y por qué se mantiene.
No comprenden porque muchos de esos buenos ciudadanos hoy se dejan engañar por los mismos que hoy están pendulando entre si Varela es o no es o si Martinelli es o no o si el PRD, el CD o el panameñismo son buenos o son malos. Todos estos personajes y estos partidos son lo mismo.
Viene una oportunidad de oro, la coyuntura electoral de mayo de 2019, pero esos panameños bien intencionados, que quieren cambios, se quedan inmóviles o haciendo poco ante esta coyuntura, esperando que otros hagan.
Hay un grupo de ciudadanos que sienten que postulándose por la libre, a diferentes cargos, si fueran elegidos, algo podrán hacer e ilusionan a una buena cantidad de ciudadanos que le dan firmas para que sean candidatos y cuando lleguen las elecciones tal vez le darán el voto. Pero esto es una trampa del sistema partidocrático, que hábilmente ha cedido a estas postulaciones por la libre para proyectarse como demócratas.
Les digo, con todo respeto a esos precandidatos por la libre postulación que no van para ningún lado; hasta cierta medida, son tontos útiles, porque entiendo que ellos no van a usar las inmorales e ilegales prácticas clientelistas de la partidocracia. Partiendo de ahí, los candidatos de los partidos le llevan cancha de ventaja, aunque estos sean vistos, en su mayoría, como pillos y los de libre postulación (donde hay pillos también) sean vistos como ciudadanos potables.
Nos equivocamos porque, como sociedad, seguimos viendo que el problema es de personas y no de sistema. En los partidos quedan de candidatos los más avezados en los malabares para lograr el éxito. Y entre los llamados independientes solo han ganado unos cuantos que tienen condiciones excepcionales (dinero y clientelismo). Entre estos excepcionales salieron, en 2009, un Afú y una Yanibel Ábrego. Y en 2014 sale Ana Matilde Gómez por otra variante excepcional: se proyectó como víctima de Martinelli y le dieron exposición abrumadora en los medios (desde 2010 los medios la promovieron, lo que traducido en dinero, puede sumar millones en tiempo aire).
Yo soy un convencido de que en que la coyuntura de mayo de 2019 se puede generar el cambio con los llamados independientes que hoy están aspirando y con otra buena cantidad que todavía siguen agachados. Deben postularse conformando una alianza de independientes, con un proyecto unitario, con candidatos para todo cargo y uno por cargo.
Esto de uno por cargo sería de lo más difícil en esa alianza de independientes, porque para que se dé uno por cargo se requiere altruismo. Lo otro difícil es un proyecto unitario.
Ese altruismo y ese proyecto unitario chocan con un factor consustancial con la naturaleza humana: el egoísmo.
Los llamados independientes serán atropellados por las maquinarias de la partidocracia en las elecciones, porque estas maquinarias saben cómo arrear los votantes el día de las elecciones y luego contar el voto. Los candidatos de los partidos se estructuran de tal forma que el candidato a presidente organiza (con dinero o especie) a candidatos a alcaldes y diputados por circunscripciones y estos a candidatos a representantes y todos halan la carreta en la campaña y el día de las elecciones. Hay que decirlo: todos tienen ganas de ganar para pelechar. Esto es tremendo motor.
¿Con qué cuenta un candidato independiente a presidente? Con unos cuantos ciudadanos bien intencionados que lo promueven, pero que no son candidatos a nada, es decir, sin esa ambición de ganar. Igual los independientes a alcaldes y diputados independientes.
Normalmente están desconectados entre sí. ¿Cómo se puede ganar así?
Para no equivocarnos hay que hacer una alianza de independientes para todo cargo, estructurar un proyecto unitario y hacer especie de primarias para definir quiénes son los mejor vistos por la ciudadanía para hacer el trabajo de reordenar Panamá. Eso sí, sin egoísmos.
Para que el factor egoísmo se atenúe puede usarse como táctica que el ganar las elecciones no es para gobernar por cinco años, sino para reordenar el país vía constituyente manejada por esos electos en un período corto de no más de dos años y llamar a nuevas elecciones con las nuevas reglas inmediatamente.
Algo como lo enunciado por Pérez Balladares, aunque este es un actor descalificado por una serie de inconsistencias en su desempeño como funcionario de la dictadura y como presidente en la mal llamada democracia luego de la invasión.
No se puede esperar a que en 2024 y en 2029 digamos lo mismo y los problemas agravándose. El momento es hoy…
El autor es odontólogo

