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Panorama alarmante para el 2024

No me gusta ser alarmista pero tampoco me gusta vivir de ilusiones. Las realidades duras hay que encararlas. Y lo que estoy viendo venir en 2024 me luce catastrófico.

Lo que más me asusta, claro, es la posibilidad que Donald Trump gane las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Pero todavía faltan once meses para esas elecciones y antes de eso habrá otros eventos potencialmente escalofriantes, como, por ejemplo, las elecciones presidenciales en Panamá.

Mayo está a la vuelta de la esquina y, seamos francos, la gente sensata no tiene por quién votar. El único alivio es que el PRD no lleva chance, opino; su manejo vergonzoso del contrato minero ha dejado claro que “Gaby no va”, como dijeron los grafitis que brotaron por toda la ciudad durante las protestas. Se murmura el temor de que el oficialismo intente un fraude, pero el rechazo popular es tan enorme que no veo gran posibilidad de que eso logre éxito, aunque lo intenten; tenemos de ejemplo que Noriega no lo pudo lograr en 1989. Sin embargo, no veo cómo podremos zafarnos del control que el PRD mantiene en la Asamblea, gracias al sistema electoral que nos dejó la dictadura. Reformar eso es tarea necesaria que con suerte nos ayudaría para 2029 pero no ahora.

La realidad, entonces, es que tras cinco años de un gobierno inepto y corrupto llegaremos en mayo a unas elecciones en que ninguno de los candidatos presidenciales está a la altura; y gane quien gane, el presidente será prisionero de la bancada perredista en la Asamblea. Temo que cinco años más de esta situación nos dejará a la merced de algún loco que salga de la jungla en el 2029. Miro a Milei y a Bukele, o a Petro y AMLO, y siento miedo. La única esperanza es que sepamos fortalecer ese movimiento ciudadano y joven que despertó con el tema minero. Proteger nuestra frágil democracia depende de empoderamiento ciudadano.

Paralelamente, en el panorama global también veo nubes negras por todos lados. Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, a quien admiro mucho, ha liderado a su pueblo en una lucha heroica contra la invasión rusa. Pero el Congreso estadounidense, controlado por republicanos que son títeres de Trump, quiere cesar el apoyo a Ucrania. Esto será “un gran regalo de Navidad para Putin”, comentó un analista norteamericano. Abandonar a Ucrania hará que Putin y otros dictadores queden fortalecidos, lo cual es mala noticia para los pueblos que valoran los derechos humanos.

Para seguir con realidades duras que me preocupan, podría hablarles de la crisis en Israel y Gaza (no veo salida), de lo mal que vamos en atender el cambio climático (seguirán las catástrofes climáticas), de la tragedia de los migrantes (se necesita solución global), de una China comunista cada vez más amenazante, y de que los analistas financieros pronostican turbulencia económica en el 2024.

Pero se me está acabando el espacio y necesito regresar a mi angustia principal, que es Trump. Estoy rezando que Trump pierda la elección –o que lo descalifiquen, como acaba de fallar un tribunal en Colorado- pero veo claramente que si eso ocurre, él no aceptará dignamente su derrota. Insistirá que le “robaron” su triunfo y habrá violencia; hay seguidores de Trump que hablan de guerra civil, y están armados.

Pero si Trump gana, será una catástrofe. A nivel global, como ya observé, los tiranos del planeta quedarán fortalecidos, con repercusiones para la democracia, los derechos humanos y el rol estadounidense como superpotencia. A nivel doméstico, su equipo tiene preparado un plan de gobierno que pretende destruir la institucionalidad que hasta ahora ha limitado los poderes del presidente estadounidense; es decir, no habría controles sobre sus abusos de poder. También, el equipo de Trump habla abiertamente de “retribución” para sus enemigos políticos. El mismo Trump habla de eliminar todos los “maleantes de la izquierda radical” que “han destruido” el país. Se teme que él ni siquiera se sentiría obligado a obedecer los fallos la Corte Suprema, mucho menos los tribunales inferiores que actualmente osan enjuiciarlo. Aunque lo condenen, se teme que Trump se indultaría a sí mismo y a sus coacusados, cosa que acabaría con el Régimen de Derecho (“rule of law”).

Robert Kagan, comentarista en el Washington Post, publicó un artículo el pasado 30 de noviembre que describe en detalle aterrador lo que se puede esperar en Estados Unidos si Trump gana la elección. Búsquenlo. Se los resumo en una sola palabra: dictadura.

La autora es abogada y periodista jubilada


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