El diario inglés Financial Times de 7 de noviembre, refiriéndose a los papeles del paraíso recién publicados por el Consorcio de Periodistas Investigativos Internacionales (ICIJ), sentenció: “Pascal Saint -Amans, ejecutivo principal de impuestos de la OCDE, basado en París, dijo: ´Son muy diferentes a los papeles de Panamá. Mencionó que los esquemas en cuestión eran, en su gran mayoría, si no en su totalidad, legales. Algunos ni siquiera son cuestionables desde el punto de vista de su legitimidad. ¿Conoce usted alguien más caradura que Saint-Amans? Repentinamente, los archivos que exponen las estructuras jurídicas creadas por la firma anglosajona Appleby son diferentes y legales, mientras que las estructuras de la firma nacional Mossack Fonseca, publicados bajo el infame nombre de Panama papers por el mismo consorcio, eran en su totalidad ilegales. Vaya doble moral.
¿Qué motiva a este ejecutivo de la OCDE a atacar a Panamá y a otras jurisdicciones pequeñas al tomar con tal ligereza los documentos robados a la firma Appleby? No hay duda de que Saint-Amans tiene una agenda personal contra nuestro país. ¿Cómo una sola persona ha puesto a nuestro país de rodillas y a sentirnos avergonzados de nuestra plataforma de servicios legales y financieros? ¿Qué estudios legales o experiencia jurídica tiene este burócrata para hablar de la legalidad de las estructuras de Appleby y de la ilegalidad de las de Mossack Fonseca?
El día 10 de noviembre (en el diario en línea El Salto de Madrid), leía unas nuevas declaraciones de mi amigo de Podemos, el eurodiputado Miguel Urbán, bajo el titular La estructura de la Unión Europea favorece la evasión fiscal. Urbán dice lo que Pascal Saint-Amans no quiere escuchar: “Se ha querido poner el foco en Panamá, Bermudas o islas Caimán, pero desde la comisión dijimos que no queríamos visitar Panamá. Queríamos visitar Luxemburgo, Malta, Reino Unido… poner el foco en que el problema lo tenemos dentro de Europa. Hay guaridas fiscales-no me gusta usar el término paraíso que puede tener una connotación positiva- dentro de Europa”. Pero la OCDE mira hacia otro lado cuando se trata de los países que aportan para el pago de sus salarios. Qué doble estándar.
Esta sensación de que los poderes económicos globales quieren eliminar a su competencia por atraer inversiones lo refleja The Economist en su edición del 11 de noviembre, página 67, al decir que: “Sería una infamia si los papeles del paraíso sirvieran para reforzar el cliché de que solo las islas llenas de palmeras son los culpables (de la evasión fiscal), cuando son los centros financieros más grandes, como Londres, Nueva York y Miami, los que ofrecen la combinación más atractiva de respetabilidad y secretismo que los hace imanes poderosos e incomparables para la plata mal habida del mundo”.
Como hemos repetido hasta la saciedad, a pesar de que les hemos dado todo lo que nos han pedido a GAFI y a la OCDE, a costa de nuestra competitividad y dignidad como nación, nos van a obligar a quitar los beneficios de las zonas con regímenes preferenciales (SEM, Ciudad del Saber, Agencia Panamá Pacífico y Zona Libre de Colón). Si cedemos ante estas nuevas presiones perderemos mucha inversión extranjera, por ser menos atractivos y por no querer defender la seguridad jurídica de las inversiones realizadas por empresas que creyeron en nuestro país. Ya hay casi 140 sedes de empresas multinacionales en Panamá. Somos la envidia de la región. Hay que morir con las botas puestas y que sean las próximas generaciones las que nos juzguen, no un gabacho impresentable, como Saint-Amans, desde su oficina en París. Defendamos nuestros regímenes especiales que tanto desarrollo económico y laboral le han traído a Panamá.
¿Acabará algún día el acoso de la OCDE? No. Hasta que el socialismo no gobierne en Panamá seguirán atacando nuestro sistema económico y nuestra plataforma de servicios legales y financieros. Luego nos pedirán que nuestro registro de sociedades sea público y que el nombre de los dueños de las sociedades anónimas sea accesible al público en general sin que medie orden administrativa o judicial. Ese día, el último que sale que apague la luz.
El autor es abogado