Las entidades delictivas a nivel internacional que manipulan los grandes consorcios financieros desarrollaron una conspiración contra Panamá, su centro bancario y firmas de abogados que comercializan los offshore.
Un laberinto de irresponsabilidades de lucro y poder organizan una acción criminal e intervienen en un robo cibernético en los documentos de Mossack y Fonseca; luego coordinan en todas las latitudes denuncias sobre los supuestos negociados con sede en el país del canal y surgen los papeles del capitalismo salvaje.
Los paraísos fiscales están en Europa y en los Estados Unidos, recordemos Nevada, Wyoming, Dakota, entre otros.
Ramón Fonseca es el eslabón más débil y el más fácil de atacar. Fonseca era el presidente del partido panameñista y asesor presidencial de Varela. El Gobierno Nacional, sobre todo la Cancillería, nunca supo manejar el escándalo financiero y Varela sin la visión del estadista que sintetiza en su proceder el pasado, presente y futuro de la nación actuó como un político inexperto y sin la valentía de enfrentar con inteligencia el ataque contra nuestra economía; lo que correspondía era denunciar en los organismos internacionales la acción delincuencial contra Panamá.
El país es perjudicado, 5 mil panameños quedan sin empleo por los efectos colaterales, las grandes firmas subsistieron con sus grandes recursos, no así los abogados independientes que fueron golpeados en sus ingresos. La banca es afectada y otros servicios financieros. Se ha ido a pique la práctica del derecho corporativo.
La lección del affaire de Mossack y Fonseca es que ninguna firma puede confiarse de los controles fiscales de otros países.
Panamá necesita legislar a tono con el juego mediático internacional y siempre considerar la ruindad como arrogancia de las águilas imperiales.
El autor es escritor