El virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones virales más comunes en el mundo y cuenta con más de doscientos tipos distintos. Es el principal responsable de una variedad de cánceres que afectan tanto a mujeres como a hombres. Tradicionalmente se le ha asociado con el cáncer cervicouterino; sin embargo, hoy se sabe que también desempeña un papel fundamental en el desarrollo de cáncer orofaríngeo, anal, de vulva, vagina y pene.
El impacto del VPH en la salud pública
Programas como el Papanicolaou y la vacunación contra el VPH han logrado, a lo largo de los años, un descenso significativo en las tasas de cáncer cervicouterino en varios países. No obstante, esta tendencia no se refleja de manera uniforme a nivel global.
La vacunación es la herramienta más poderosa para disminuir las infecciones y los cánceres asociados al VPH, pero su cobertura sigue siendo insuficiente. A nivel mundial, solo el 28% de las niñas de 15 años recibió las dosis recomendadas de la vacuna en 2024. En Panamá, la cobertura promedio es aproximadamente del 82%. En comparación, Estados Unidos vacunó al 38% de los niños elegibles. Tanto niños como niñas pueden vacunarse a partir de los 9 años de edad y, en adultos, hasta los 45 años. En el sistema público panameño, la vacunación se administra a los 10 años.
Más allá del cuello uterino
Se observa un aumento notable en la incidencia de los cánceres orofaríngeos relacionados con el VPH, siendo el 70% de los nuevos casos identificados en hombres. Esto se debe, en parte, a la ausencia de métodos de detección sistemática y al desconocimiento sobre su relación con el virus. Aunque no existen estadísticas globales consolidadas, la evidencia muestra que, en algunas regiones del mundo, este tipo de cáncer ya supera en incidencia al cervicouterino, afectando principalmente la base de la lengua y las amígdalas, especialmente en personas jóvenes.
El cáncer anal afecta a ambos sexos; sin embargo, su incidencia es mayor en hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y en personas inmunocomprometidas. No obstante, también afecta a mujeres, como fue el caso de la reconocida actriz Farrah Fawcett, quien falleció a causa de este tipo de cáncer.
El cáncer de pene representa un porcentaje pequeño de los cánceres en hombres, pero la infección por VPH, especialmente por tipos de alto riesgo, constituye un factor determinante en su desarrollo.
¿Cómo podemos prevenir el VPH y sus cánceres asociados?
La buena noticia es que el VPH es altamente prevenible. Hoy en día contamos con más herramientas y estrategias innovadoras para su prevención.
La vacuna va más allá de la prevención primaria. Existen evidencias de que la vacuna contra el VPH puede contribuir al tratamiento del cáncer en algunos casos e incluso prevenir la recurrencia del cáncer cervicouterino. También se dispone de pruebas de detección del VPH en consultorios médicos y de kits para la autotoma de muestras, cuya implementación se espera próximamente en Latinoamérica. Estos permitirían a las personas recolectar su propia muestra vaginal para análisis de laboratorio de forma privada y eficaz.
La educación sexual y preventiva ayuda a promover información clara sobre el VPH, basada en evidencia científica, su transmisión y sus riesgos, lo que contribuye a disminuir el estigma y a fomentar conductas preventivas.
Tratamiento y control
El tratamiento de los cánceres asociados al VPH depende del tipo, la localización y el estadio de la enfermedad, e incluye cirugía, radioterapia y quimioterapia. En algunos casos, estos cánceres responden mejor al tratamiento y tienen un pronóstico más favorable que aquellos no relacionados con el virus. Sin embargo, el impacto emocional, físico y económico continúa siendo significativo, por lo que la prevención sigue siendo la estrategia más eficaz.
A pesar de los avances científicos, aún enfrentamos barreras importantes para el control de estos cánceres. Entre ellas se encuentran la desinformación relacionada con la seguridad y eficacia de la vacuna —a pesar de ser una de las más seguras y efectivas disponibles—, las dificultades logísticas en los programas de vacunación y prevención, las desigualdades socioeconómicas y educativas asociadas a los determinantes sociales de la salud, y la falta de detección temprana de estos tipos de cáncer.
La evidencia es clara: a mayor vacunación y tamizaje, menor carga de enfermedad. Las estrategias exitosas dependen de políticas públicas sólidas y de la participación activa de la comunidad, los profesionales de la salud y los sistemas educativos.
La autora es doctora en Salud Pública por la Universidad del South Florida.


