Esquivar los cráteres de la avenida República de la India que conecta el corregimiento de Parque Lefevre con la vía Belisario Porras en la ciudad de Panamá no sólo se ha convertido en terapia mañanera contra el estrés sino en símil potente de cómo afrontamos la planificación y la sostenibilidad.
En los últimos tres años, decenas de amortiguadores y llantas han tenido que cambiarse porque las acciones para solventar el recurrente problema de los masivos baches en esta avenida son curitas temporales que sólo sirven para dilatar el ataque a la verdadera causa del problema. En dicho injustificable proceso pues se mal gastan los recursos humanos y financieros asignados dentro de un presupuesto que dista de hacer sentido.
El microcosmo de cómo se maneja el mantenimiento de una calle es reflejo de la dolorosa realidad que vivimos en la administración pública de temas mayores como la endeble situación de la Caja de Seguro Social. Desde el año 2005 sabíamos que las soluciones implementadas durarían con mucha suerte un máximo de 20 años; eso sin contar con una pandemia.
En la cultura de soluciones por parches que nos ha caracterizado por décadas albergamos la esperanza que la más noble de las instituciones panameñas fuera tratada con más dignidad pero una vez más prevaleció el cálculo político que asegura la lealtad temporal de adherentes a un partido para prevalecer en el poder.
En las postrimerías del 2019 sopló un viento de esperanza al contar el poder Ejecutivo con mayoría legislativa, una combinación potente que pudo llevar a un sensato esfuerzo coordinado que abonara hacia soluciones dentro de una planificación integral del país que anhelamos. La esperanza duró poco. Las recientes intervenciones del Estado en materia de control de precios, de imposición de márgenes, de mandatos que atentan contra la libre competencia debieron venir acompañadas de compromisos específicos sobre la temporalidad de estas acciones que no son otra cosa que más parches ante las limitaciones de un sistema con numerosas distorsiones en su descontrolada y nada planificada evolución.
En materia de manejo económico y proyección de desarrollo social, estamos en una constante improvisación ante las urgencias que se presentan ya que apelar a políticas públicas de largo plazo parece un impensable para la clase política criolla que ve en el cortoplacismo, en el clientelismo y la polarización la manera más fácil de concentrar poder.
Los argumentos a favor del largoplacismo son difíciles de digerir. ¿Cómo afrontar la necesidad ineludible de una revisión profunda del sistema de tributación panameño cuando quienes hacen las leyes gozan de ridículos beneficios monetarios que van desde nombramientos escandalosos de familiares hasta planillas secretas? Pagar impuestos es un deber ciudadano. Que la tasa efectiva de recaudación del ITBMS sea 3.7%, la más baja de la región, desdice del sistema de recaudación, de la moral de quienes retienen y no pagan y de las injustificables exoneraciones. Otro tema mayor que necesita mucho más que una curita para ser resuelto.
El tiempo de parches expiró. De no confrontar esta realidad, no importará crecimiento económico futuro porque la tensa calma que hoy reina se volverá a manifestar en descontento callejero que ya sabemos cómo empieza pero desconocemos cómo termina.
