Los medios de comunicación del mundo deportivo abrían con el titular de que la gimnasta panameña Hillary Heron, había hecho historia: era la primera gimnasta en ejecutar un movimiento llamado “Biles”, que recibe su nombre de la mismísima Simone Biles, diosa indiscutible de este deporte. Se trata, según los especialistas, de un movimiento que implica “una serie de elementos acrobáticos y giros en el aire altamente complejos, que requieren precisión, fuerza, flexibilidad y gracia”.
Días después, se confirmaba lo esperado: Hillary Heron, de 19 años, se clasificaba para los Juegos Olímpicos de París 2024. Inevitable pensar en Hemingway, en su libro, y en aquello que dice de París, que cuando lo visitas de joven siempre te acompaña, que es una fiesta que siempre nos sigue, y Hillary va a convertir para sus paisanos París en Paname, como en los viejos tiempos, que es como se llama también, a la Ciudad de la Luz.
El esfuerzo, la disciplina y el apoyo de sus padres la han traído hasta este momento tan dulce de su carrera. Su proeza es otro estímulo para todos, para reconciliarnos con el trabajo bien hecho, con la búsqueda de objetivos, con las ganas que hay que ponerle a lo que se hace, más allá de los aplausos o la atención mediática. Lleva años compitiendo, avanzando, y qué bueno que hoy algunos se encuentren con su nombre y su hazaña: lleva trabajándola muchos años.
París será una fiesta el próximo verano europeo. Qué alegría que lo que vaya a convocarnos ante el televisor viendo las Olimpiadas sea un deporte minoritario, alejado de nuestra tradición deportiva, y que practicado con constancia y amor por lo que se hace nos lleve hasta la ilusión, bajo la luz de Paname, para ver qué pasa con esta gimnasta que ya nos hace soñar con una fiesta, con el tricolor patrio confundido con el francés, escuchando el himno mientras se eleva a los cielos de Francia.
El autor es escritor
