El Parlacen es sujeto de derecho internacional público, bajo el amparo del artículo 4 de la Constitución, según el cual Panamá acata las normas del derecho internacional. Y su labor de cobijar el proceso histórico de integración centroamericana es loable entendiendo, además, la coyuntura política e imagen internacional de Panamá al momento de ingresar, sobre todo frente a los países latinoamericanos. Pero su norte y objetivo han sido desvirtuados a través del tiempo. Su protagonismo ha girado más, desde el punto de vista panameño, en torno a promover la impunidad de políticos corruptos, incluyendo delincuentes confesos y condenados.
Hoy, su control y dirección parecen estar liderados por Nicaragua, un país autoritario donde la democracia ha sido sustituida por el poder absoluto. Incluso la polémica juramentación, paradójicamente, fue en reunión realizada en Managua. En adición a que las políticas públicas aprobadas a través de los años en el Parlacen, para ser expedidas y ejecutadas en sus países miembros (de ser positivas, realistas y necesarias), por lo menos en el caso de Panamá no se conoce ninguna. Menos se conoce si, de haber sido acogidas por nuestros representantes en el Parlacen, llegaron a la Asamblea Nacional para ser consideradas como iniciativas legislativas. Como queda dicho, los resultados o beneficios tangibles, desde el punto de vista social y económico, se desconocen. Y el hecho de que sus decisiones no sean vinculantes, con igual o mayor razón los diputados panameños deben informarnos sus ejecutorias. Pero la rendición de cuentas es nula, ante una Cancillería que no se las exige. Por esa razón se presenta la reciente iniciativa de ciudadanos independientes, para que la Cancillería informe cuál es su postura respecto a nuestra permanencia o no en el Parlacen y, además, cuáles han sido los beneficios tangibles que ha tenido el país, con la incorporación en el organismo de marras.
Desde el punto de vista del derecho internacional público, el Parlacen es un ente supranacional, con el que debemos lidiar con mucho cuidado, para no confrontar a nuestros hermanos centroamericanos. Por eso la lógica bajo el ámbito internacional es postular candidatos al Parlacen en 2024. No porque nos guste lo que está pasando, sino que, para retirarnos, lo más efectivo es contar con un apoyo adicional desde adentro.
Pero esto tampoco significa que, no postulando, no podríamos salir, pero tendríamos una menor fortaleza. Debiendo en ambos casos (postulemos o no) realizar una serie de actos que envíen un mensaje alto y claro a sus miembros, de nuestra intención de salirnos. Recordemos que el Parlacen no permite la salida unilateral, lo cual llevó a la Corte Suprema a decretar la inconstitucionalidad de la Ley 78 de 2009, por la cual Panamá había resuelto salir del Parlacen.
Para muchos, no postular envía el mensaje de que no se puede seguir avalando, entre otras cosas, la juramentación de panameños confesos por delitos en Estados Unidos e investigados penalmente en Panamá; además de la manera como un país autoritario está tomando control y protagonismo en la institución, y finalmente de que sus posturas, como queda dicho, aparte de no ser vinculantes las políticas públicas positivas aprobadas en su seno, al llegar a Panama no se implementan a través de un proceso de discusión en la Asamblea Nacional, por lo que de las mismas no nos beneficiamos los panameños. Entonces, aprovechando la coyuntura, se hace obligatorio sugerir o apoyar una inmediata iniciativa legislativa, promovida por el diputado Juan Diego Vásquez, por la cual se incluya una quinta papeleta en 2024 sobre nuestra intención de quedarnos o no en el Parlacen.
Adicionalmente, el gobierno que llegue al poder (dudo que éste ni siquiera responda la nota ciudadana dirigida a la canciller), deberá instruir a la Cancillería para iniciar conversaciones bilaterales con los miembros del Parlacen y de esta manera transmitir nuestra vehemente intención de salirnos. Asimismo, se deberá comprometer al resto de los partidos políticos desde el poder, que quieren salir pero que van a postular, para que sus representantes paralelamente desarrollen una iniciativa interna para salirnos. En esto debemos coincidir la mayoría, incluyendo los diputados electos en el Parlacen. Y en caso de que no sea posible la aprobación de la quinta papeleta, se tendría que organizar un plebiscito sobre el particular. Son un contexto de hechos que debemos realizar como Estado soberano, pero que demuestre una fuerza mayoritaria y coincidente para lograr esa salida. La Corte Suprema sugirió en su fallo que ésta sea a través de una enmienda a la convención mediante la cual se incluya la salida unilateral. Pero esto se logrará solamente, teniendo la mayoría de los diputados panameños dispuestos a solicitarla y que logre convencer al resto de sus colegas, no solo que aprueben la enmienda, sino que la misma es para salirnos. Y si acceden, nos podemos ahorrar al menos el plebiscito, salvo que después los países miembros, decidan no aupar nuestra solicitud de reforma.
En conclusión, ¿podemos salir del Parlacen postulando candidatos? Sí. ¿Podemos salir del Parlacen no postulando? También, pero no contando con diputados adicionales internos para reforzar el grupo que pretenda empujar la salida. Aunque, importante recordarlo, muchos panameños ven y sienten en la no postulación un criterio de principios, de ética y de moralidad que no deja de tener su importancia en este difícil predicamento en cuanto a la posibilidad de postular o no en mayo de 2024.
El autor es abogado
