Hemos dicho que, como siempre, la derecha fue la triunfadora en el pasado carrusel electoral, ya que ningún reconocido como de “izquierda” ganó alguna curul. Y, de aquellos que osaron subirse a la farsa o carrusel no se sabe dónde quedaron, si obtuvieron algún voto, cuántos y dónde lo lograron, para hacer una mejor radiografía de las fuerzas políticas de nuestro entorno. Solo sabemos que el Frente Amplio por la Democracia (FAD), por ejemplo, no logró el porcentaje para sobrevivir como partido político y que pidió revisión de actas y conteo de votos, pero hasta ahí, porque el Tribunal Electoral de un sistema capitalista y gobierno de grupos empresariales no “le van a parar bolas” al Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs) ni al FAD.
Las sociedades capitalistas como la nuestra gustan de tener partidos políticos para jugar a la democracia y hablar de “libertad, igualdad, fraternidad y justicia”, rejuego este que los grupos económicos, con sus “facciones partidarias”, llevan al seno de sus partidos para dominarlos; lo que produce roces, colisiones y hasta antagonismos de intereses que luego se reflejan en los hombres y/o estructuras y políticas no solo de los partidos, sino también en el gobierno de turno.
Grupos como del sector agropecuario, minero, de servicios, de importadores, bancario/financiero, abogados, portuarios, dueños de periódicos, inmobiliario y de otros sectores “representativos” de la economía del país; unido por un interés mercantil o monetario, tratan de imponer su influencia en los destino de la Nación. Así lo fue en los tiempos de la Chiriquí Land Company, de la Fuerza y Luz, de los ingenios azucareros, cementeras, de la Zona del Canal, etc., que nombraban sus propios jueces, magistrados, diputados y hasta presidentes. Así era, son y llega a ser el poder tras el poder.
Los gremios magisteriales y de profesionales ni sindicatos de trabajadores, chicheros o carretilleros, de “bien cuidao”, campesinos, jubilados, desocupados ni otros similares, son grupos económicos que tengan dominio sobre los bienes o medios de producción, pues solo tienen sus fuerzas de trabajo (física/mental) y un salario; por lo tanto, ellos no cuentan para la toma de decisiones dentro de un gobierno de empresarios/capitalistas.
Es incuestionable que desde el punto de vista sociológico, el “buen gobierno”, su partido (PRD) y sus facciones, así como los grupos económicos vivirán una permanente lucha interna de contrarios, en el afán de imponerse unos a los otros. Y, es que el dilema de si fortalecer el mercantilismo “liberalísimo”/parasitario o, por el contrario, el desarrollo agroindustrial que garantice la seguridad alimentaria, control de migración del campo a la ciudad y la soberanía del Estado, será la razón, causa y motivo, también, de renuncias, críticas, abandonos, distanciamientos y hasta enfrentamientos abiertos.
Ciertamente, aún estas luchas intestinas no se expresan contundentemente, pero como toda sociedad de clases sociales (que la Constitución Nacional reconoce) ha estado planteada, lo único que dialécticamente, ahora se manifiesta con otro matiz. Así, la renuncia de Samuel Lewis no fue un hecho aislado, la sesión del primer Consejo de Gabinete en Divisa y su agenda tampoco fue una casualidad. Es un significativo mensaje, nada agradable, para los mercaderes nacionales que viven de las importaciones patentizadas con los TLC.
Conjugado esto con lo ocurrido en la Asamblea Nacional respecto a la composición de su directiva y el afán de nombrar a los veteranos Benicio Robinson y Yanibel Ábrego (HDs) en la Comisión de Presupuesto y de Credenciales, respectivamente, dan señales al Ejecutivo en su conjunto, de que la línea la tirará el partido.
Significa que la lucha continúa.
El autor es abogado
