Estamos en las vísperas de una fecha muy importante para el futuro de nuestro país, Panamá. En los primeros meses del año 2019, debemos, por ley de la República, escoger en votación popular a los funcionarios públicos encargados de administrar el presente y futuro de todos los que residimos en el país, tanto panameños como extranjeros.
Los panameños, porque nacimos en el país, y los extranjeros, porque escogieron a Panamá como su residencia, por vínculos familiares o de negocios.
A ambos grupos nos conviene un gobierno demócrata, administrado por funcionarios honestos, dedicados a tiempo completo a buscar y proteger los mejores intereses del país, tanto dentro como fuera de nuestros límites territoriales.
Por ser un trabajo de tiempo completo, las 24 horas del día, los 365 días del año, no podemos darnos el lujo, por llamarlo de alguna manera, de escoger con nuestro voto a quienes nos hablen más bonito y nos prometan la tierra y la luna, pues por regla general, quienes más ofrecen son quienes menos cumplen, pues lo que desean es conseguir los votos, para cumplir con lograr los mejores intereses, que por experiencias vividas en nuestro país no son los intereses de quienes los elegimos.
Aprendamos a votar por quienes, en su diario vivir, han dado muestras de honestidad y responsabilidad. Las personas honestas no hacen promesas que no puedan cumplir, mientras que los deshonestos les prometen encontrar la solución a todos los problemas personales y del país.
Ningún deshonesto le va a decir que él quiere su voto para alcanzar el cargo público, pues él desea llenarse de dinero que no le pertenece porque está cansado de ser pobre.
El deshonesto, como solo sabe mentir, le promete corregir todos los males, tanto del país como los de los pobres, no importa cuán grande sean, pues tiene la solución exacta a cada uno de ellos.
Por lo contrario, el honesto solo promete poner su mejor empeño en buscar la solución más viable a los problemas de los ciudadanos y del país.
Es hora de que los pobres, que siempre son la mayoría en casi todo el mundo, aprendan a votar, no por quienes más ofrecen en sus discursos políticos y hasta les ofrecen regalos de comida durante la campaña política, sino por quienes han dado muestras de honestidad durante su vida familiar y comunitaria.
Así como el deshonesto solo sabe hacer actos que riñen con la moral y las buenas costumbres, el honesto solo sabe actuar sin malicias ni malas intenciones. Tomémonos el interés de averiguar entre nuestros vecinos y amigos todo lo que podamos, sobre los distintos candidatos a cualquier puesto de elección popular y así, aprender a votar por los mejores candidatos, incluyendo a los candidatos a la Presidencia de la República.
El autor es banquero