El pasado 15 de abril de 2023 se conmemoraron 88 años de la adopción del Pacto Roerich o tratado sobre la protección de instituciones artísticas y científicas y monumentos históricos de 1935.
El objetivo de este pacto es uno loable, pues busca garantizar la neutralidad, la protección y el respeto de los monumentos históricos, de los museos y de las instituciones dedicadas a la ciencia, el arte, la educación y la conservación de los elementos de la cultura, tanto en tiempo de paz como de guerra. Para tal fin y facilitar la identificación de los monumentos y sitios se dispuso la utilización de la bandera distintiva con el emblema Pax Cultura, con una triple esfera roja dentro de un círculo rojo, sobre un fondo blanco.
El Pacto Roerich fue sumamente innovador para su época, pues se adelantó por más de 20 años al Convenio de La Haya para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado (1954) y a su emblema de protección (un escudo en punta, partido en aspa, de color azul ultramar y blanco). El mérito por esta iniciativa es atribuible a Nicholas Roerich, pintor y filósofo ruso, quien ante las devastaciones ocasionadas al patrimonio cultural durante la Primera Guerra Mundial y en la revolución rusa, decidió actuar y, bajo la máxima de que el patrimonio cultural de cada nación es en su esencia parte de un tesoro universal, inició este movimiento internacional.
Si bien el movimiento tiene sus orígenes en Europa, en París y en Brujas, para ser más exacto, con un proyecto de pacto presentado ante la Liga de Naciones, fue en las Américas en donde la iniciativa tuvo acogida. Se trata, entonces, de un instrumento interamericano con 21 Estados signatarios y 10 Estados parte, cuyo depositario fue la Unión Panamericana y hoy, su sucesora, la Organización de Estados Americanos.
El doctor Ricardo J. Alfaro fue quien, en nombre de Panamá, suscribió el Pacto Roerich. Esta no sería la única vez en la que Alfaro abogaría por la protección del patrimonio cultural histórico. Durante su período como magistrado (1959-1964) y vicepresidente (1961-1964) de la Corte Internacional de Justicia, Alfaro participó en la decisión de la disputa del templo Preah Vihear entre Camboya y Tailandia, emitiendo, incluso una opinión separada a la de la mayoría. Lastimosamente, Panamá nunca ratificó el Pacto Roerich. No obstante, sí somos Estado parte del Convenio de La Haya de 1954.
Roerich sería nominado en tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz por su lucha en favor de la paz y la protección del arte y la cultura. En 1923, es decir hace 100 años, en la ciudad de Nueva York, se fundó el Museo Roerich, el cual funciona hasta la actualidad. En el centenario de su fundación, el museo, en su sitio web, nos recuerda la reacción de Roerich ante la invasión de Hitler a Polonia y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la cual culminó con la capitulación del agresor y los juicios de Núremberg. Atinadamente, el museo señala que el país natal de Roerich, Rusia, está en proceso de repetir la historia. Desde los Himalayas, en 1939, Roerich reflexionaba sobre la agresión al decir, “una vez más, se lanzan bombas sobre civiles. Una vez más, los barcos que transportan viajeros pacíficos están siendo destruidos. Las escuelas están destrozadas y los cuerpos de los niños, destrozados… Una vez más, recurriremos al arte para recordar que la destrucción es inaceptable, una vez más esperaremos que al menos ahora la humanidad comprenda cuáles son los verdaderos valores y cuál es el propósito de la evolución humana”.
Además de las múltiples atrocidades reportadas a partir de febrero de 2022, atribuibles a la Federación Rusa en el marco de la agresión, se estima que más de un centenar de sitios de patrimonio cultural histórico ucraniano han sido afectados, incluyendo museos, teatros, monumentos y bibliotecas. Tristemente, la humanidad no parece haber comprendido que la destrucción es inaceptable y que la agresión contraviene nuestros valores y nuestra propia evolución. Irónicamente, las normas que Roerich ayudó a forjar son las mismas que Rusia ha decidido violentar.
De la misma manera en la que otro ruso, Fiódor Martens, concibió las leyes de la humanidad y las exigencias de la conciencia pública como la norma aplicable a las circunstancias no reguladas por las leyes de guerra, Roerich abogaba por reconocer, en la individualidad cultural de cada nación, uno de los tesoros más grandes de la humanidad.
Ciertamente, aportes como los de Roerich y Martens forman parte integral del derecho internacional consuetudinario y, seguramente, serán parte de las bases jurídicas invocadas por la humanidad para atribuirle al Estado ruso responsabilidad internacional por la agresión y a sus más altos jerarcas, responsabilidad penal individual por sus atrocidades. Solo así podremos abrigar nuevamente la esperanza de que la humanidad vea en la paz y en la convivencia pacífica un valor fundamental y el propósito central de nuestra evolución.
El autor es abogado y profesor de derecho internacional
