Doy gracias a Cervantes por legarnos un lenguaje maravilloso. Un idioma lleno de sutilezas lingüísticas y una gramática impecable. Como ejemplo tomemos la traducción al castellano del décimo mandamiento bíblico: “y no desearás…el burro de tu vecino”. En el hebreo original, la frase “el burro de tu vecino” probablemente se refería a un cuadrúpedo que le pertenece a tu vecino. Sin embargo, en castellano, la misma frase puede referirse a un vecino a quien consideras un burro, o bien al burro (o a la propiedad) de ese mismo vecino, lo consideres o no un burro. La historia de las naciones es la historia de héroes y antihéroes: de vecinos y burros. El héroe de uno es el antihéroe de otro y viceversa. Tenemos ejemplos relativamente recientes como Kennedy y Nixon; el Shah y el Ayatola; o Mao Zedong y Chiang Kai Chek. Un ejemplo algo más antiguo es el de Pedrarias Dávila y Vasco Nuñez de Balboa.
Pedrarias deseaba el burro de Balboa. Por burro me refiero a los honores y dádivas que recibió el Adelantado del Mar del Sur y no Pedrarias. No obstante, Pedrarias consideraba a su vecino tan burro que tuvo que decapitarlo. La historia lo castigó. Al vecino que él consideraba un burro lo convirtió en héroe y a Pedrarias lo convirtió en antihéroe. En los últimos tiempos, mientras sus vecinos se refieren al triste comediante ucraniano como si fuera un burro, al mismo tiempo desean su burro consistente en su tierra fértil, productiva y rica en recursos naturales. Tanto en el primer caso como el segundo caso, el vecino desea el burro del burro de su vecino. El resultado es el mismo, el burro del vecino es el héroe de Occidente y su vecino un antihéroe en Occidente.
Fernando Navas, mi profesor de arte dramático, nos decía que el insigne escritor panameño Rogelio Sinán, al escribir su obra musical “Chiquilinga”, se inspiró en la obra “El Pájaro Azul” del belga Maurice Maeterlinck. El Pájaro Azul es la historia de dos niños que miran la casa de un vecino muy rico, desde la ventana de su humilde casa, admirando su riqueza. Los niños concluyen que la felicidad consiste en lujos y que ésta se encuentra allá, donde el vecino. Mientras miran los lujos del vecino, un diamante alumbra la visión de los niños y los lujos se esconden en la oscuridad. En ese momento los niños fijan su mirada a su propia casa y se dan cuenta de que es bella. Miran hacia afuera y ven el bosque y se percatan lo bello que es. Se olvidan del vecino.
La mayoría de los historiadores ven con desdeño a Pedrarias Dávila. Otros como el Doctor Alberto Osorio y Milton Henríquez tratan de reivindicarlo. Creo que Pedrarias se equivocó enfocándose en el burro de su vecino en lugar de mirar hacia adentro. Tal vez no tiene una majestuosa avenida, ni un enorme puerto, ni una marca de cerveza a su nombre como su vecino. Pero cinco siglos después de su muerte el nombre de la muy noble y leal ciudad que fundó es el nombre de nuestra República: Panamá y eso es algo muy bello.
El autor es abogado