Sin ningún ánimo personal ni de claudicar a mis principios de más de 50 años mantenidos en defensa de un sistema político más humano para las mayorías irredentas, debo revelar una decisión que mi esposa y yo tomamos el mismo día de las elecciones presidenciales.
Mientras la acompañaba como de costumbre a las misas dominicales, y fue sin comentarlo con nadie, atentos como estuvimos a la opinión del prelado de depositar en la urna el voto a favor del candidato Juan Carlos Varela. Mi esposa, ya afectada por la secuela de un derrame cerebral que había sufrido en 1998, justamente el Día de Reyes, mientras permanecíamos acostados en la recámara de nuestro hogar.
No entraré en detalles de cómo, afortunadamente, luego de tantos tratamientos que la ciencia médica nos proporcionó, mi esposa pudo recobrar el habla, y ese milagro fue alentador para nuestro matrimonio. Desafortunadamente, hace dos meses, por un desmayo que sufrió en nuestra residencia, le sobrevino una fractura que los médicos consideraron que debía quedar encamada para su mejor reposo.
En consecuencia, tuvimos que recurrir a distintas trabajadoras domésticas para su cuidado, pero resultaron un completo fracaso. Por fortuna, muy cerca de mi residencia existe un hogar para adultos mayores donde logré internarla. De ello hace ya dos años, donde, hasta el momento, está recibiendo una atención satisfactoria por muchas circunstancias.
Pero que no piense el lector que he desubicado del propósito fundamental del porqué mi esposa y yo decidimos votar para presidente de la República por el actual mandatario.
El secreto que ahora revelo prueba que no existió ningún interés material ni nada parecido que nos impulsara, a mí ni a mi amada esposa, por más de 58 años, sino la preocupación de que el país no podía continuar bajo los personeros del partido Cambio Democrático con el alto historial de corrupción de su gobierno, lo que ha motivado esté siendo enjuiciado Ricardo Martinelli y algunos de sus colaboradores gubernamentales.
La decisión que mi esposa y yo tomamos, considero que fue oportuna en ese momento porque vemos que el exmandatario ha empezado a pagar sus culpas, a pesar de su escapatoria hacia Estados Unidos, y razón tendrán aquellos tribunales estadounidenses para mantenerlo detenido.
En las líneas finales de este escrito para que quede transparente mi pensamiento moral, es que ninguno de los partidos políticos que existen en nuestro país son dignos de llevar las riendas del poder en 2019. Que la conciencia crítica de la República no le tenga miedo a los que exigen respeto para imponer el fascismo.
El autor es abogado y periodista