ESCASAS MEDIDAS DE MITIGACIÓN

El peligroso mercurio

El peligroso mercurio
El peligroso mercurio

Hace nueve años, cuando comenzaba mi embarazo, una de las recomendaciones que me diera mi obstetra fue la de no comer pescado, sobre todo, atún, tiburón o mero. Hice mi pregunta ignorante, pues no tenía idea de la razón, y su respuesta fue “tienen mercurio”.

El mercurio está en la lista de los metales pesados más tóxicos en el planeta. Es el causante de graves afectaciones al organismo del ser humano y de animales.

Uno de los primeros casos que expuso la peligrosidad de este metal, al no ser desechado correctamente, fue el registrado en la ciudad costera de Minamata, en Japón. Entre 1953 y 1965, residentes de esta pequeña ciudad, sus mascotas e incluso aves del área, comenzaron a enfermarse. Durante el primer año del brote neurotóxico, que aún era un misterio, murieron 46 personas.

No fue hasta 10 años después cuando el Gobierno de Japón anunció, oficialmente, que la causa de estas muertes y enfermedades neurológicas era por intoxicación con mercurio. Una fábrica que vertía mercurio al mar fue la causante. Los peces fueron acumulando mercurio en sus tejidos y órganos, y los seres humanos y las aves al comerlos ingerían el metal, enfermándose también. Al final, más de 3 mil personas fallecieron y todavía hoy sus hijos sufren a causa de esta contaminación de origen antropogénico.

El mercurio es un elemento presente de forma natural en la corteza terrestre, pero cuando es liberado al medio ambiente, a consecuencia de diversas actividades humanas, como: la combustión de carbón en centrales eléctricas, la incineración de residuos y la extracción minera de mercurio, oro y otros metales, algunas bacterias lo convierten en metilmercurio, altamente tóxico, bioacumulable y de fácil ingesta en nuestro organismo.

Para la Organización Mundial de la Salud, el mercurio es uno de los 10 productos químicos que plantean especiales problemas de salud para la humanidad. La principal vía de exposición humana es el consumo de pescado y marisco contaminados con metilmercurio.

¿Cómo llega el metilmercurio a nosotros? Diariamente convivimos con materiales que contienen mercurio, por ejemplo, bombillos de bajo consumo y tubos fluorescentes, algunas pilas y baterías, computadoras, televisores de pantalla plana, interruptores eléctricos, pesticidas y otros materiales de uso cotidiano. Aunque no estamos en riesgo constante, el peligro está latente debido a la forma en que desechamos estos productos cuando ya no nos sirven. Esta es la causa número uno del exagerado aumento de este elemento tóxico en nuestras vidas.

El Convenio de Minamata sobre el mercurio, de la Organización de Naciones Unidas, es un tratado internacional, cuyo objetivo es cuidar la salud del ser humano y proteger el medio ambiente de los efectos adversos del mercurio. Se firmó en Suiza, en el año 2013, y 38 países ya lo han ratificado, entre estos Panamá, mediante la Ley 160 del 1 de abril de 2015. A pesar de esta ratificación, en el presente no contamos con un marco regulatorio y son muy escasas las medidas de mitigación sobre este tema en nuestro país.

En Panamá, cada año se desechan millones de lámparas fluorescentes sin las medidas básicas de contención del mercurio que contienen. Lo mismo ocurre con las pilas y otros artículos de consumo masivo, que van a dar a cerro Patacón en la ciudad de Panamá, y a otros vertederos en el resto del país, en el mejor de los casos. El mercurio y otros metales peligrosos son absorbidos por el suelo, llegan hasta las fuentes acuíferas y, finalmente, a los mares, en donde contaminan a los peces y huevos de tortuga que luego consumimos.

Otra forma de contaminación constante es la emisión a la atmósfera de mercurio, resultado de la incineración de materiales que contienen este metal, tales como el carbón para la generación de energía y los desechos industriales.

El Ministerio de Salud debe tomar medidas serias y responsables, encaminadas a la reducción de este contaminante peligroso. Además, todos debemos exigir la disposición responsable de estos materiales por parte de empresas, grandes corporaciones, entidades públicas (ministerios, hospitales, centros de salud) e instituciones descentralizadas del Estado, en donde se utilizan y desechan millones de tubos fluorescentes y demás aparatos contaminantes. Nuestra salud y la de nuestros hijos depende de ello.


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