Cada día las grandes mayorías de pobres en crecimiento del mundo se encuentran ante un escenario nada halagador, muy por el contrario, el liderazgo capitalista occidental les presenta como solución a su dolor y precariedades más hambre, muertes, enfermedades y bombardeos o una supuesta ayuda disfrazada e interesada. Presidentes, senadores y multimillonarios estadounidenses (como de otros países) mienten y someten a la población a un viacrucis insostenible que, además obliga a grandes migraciones. Igual hacen otros miembros de estos pequeños grupos de depredadores como diputados, “príncipes” y primeros ministros. Gracias a Dios, los hechos han logrado despertar conciencia en la gran masa mundial. No hay hechos aislados, existe una confabulación mundial para el apoderamiento de territorios y riquezas, no importa el precio, al fin estas castas no aportan los muertos ni los sufrimientos. El colonialismo moderno está en marcha.
Los conflictos bélicos tienen un liderazgo occidental conocido. Así, en Afganistán, en los últimos 17 años han muerto más de cuatro mil civiles incluyendo 900 niños, según las Naciones Unidas. Igualmente, este organismo ha denunciado el genocidio masivo que viene dándose en Yemen, donde la desnutrición infantil es alarmante y con graves consecuencias. Los ataques provienen de Arabia Saudita con apoyo estadounidense, lo que no logra entender la gente. Los casos de Gaza y Palestina son altamente cuestionados por la Organizacion de las Naciones Unidas (ONU), organismo que manifiesta que pueden ser catalogados como crímenes de guerra. Las muertes no paran en el recién dividido Sudán, también en Nigeria donde solo entre el 16 y 17 de febrero de este año, fueron asesinadas 40 personas. Será que estos no son seres humanos por ser negros, árabes o latinoamericanos?
Por otro lado, el cambio climático global no existe para el señor Trump ni para la recién nombrada embajadora ante la ONU Kelly Knight Craft, como para algunos otros ignorantes que contradicen a los científicos. Sus interesadas razones tendrán. Mientras, intelectuales, prestigiosos abogados internacionalistas, músicos, obreros y organismos internacionales analizan sospechosas razones sobre el caso de las llamadas sanciones, asfixias financieras, bloqueos, cerco mediático y amenazas que se supone no deberían darse en un mundo “civilizado” donde el diálogo y el respeto a la soberanía y la no injerencia constituyen los pilares del reconocido organismo conocido como Naciones Unidas de cuyas consecuencias son víctimas las poblaciones pobres de los países agredidos. En este occidente capitalista o de derecha, los hechos y la historia demuestran que la democracia es un mito, y que la equidad y la justicia se fundamentan en las imposiciones y la fuerza de las armas y que las invasiones tienen fundamento en la “liberación” y por ello secuestran la educación con ignorancia educativa y mediática. El mundo está enfrentado a una nueva versión del colonialismo unido a una voracidad insaciable de dominación que ya no es posible en un mundo multipolar donde la gran potencia además, no cuenta con solvencia moral ni económica por su deuda billonaria, tal vez por lo cual secuestran patrimonios que no le pertenecen.
Algunos pocos analistas políticos, escritores y presentadores de televisión, tratan de fundamentar argumentos, sin investigar coherentemente y a contra de hechos históricos y recientes diciendo que lo que pasa en el mundo es algo justo y natural, pero callan ante delitos atroces y violaciones de derechos y aplicaciones neoliberales que se dan en África, Oriente Medio y, aún, en América Latina. El fracaso de la última reunión Trump- Kim Jong-Un se debió al menosprecio y falta de interés y propuestas de Trump que llegó a querer imponer y no a negociar. La desnuclearización es por partes iguales, no a capricho y con prepotencia. El peligro mundial no es de quienes no tienen ese poder, sino de los que lo tienen y lo han usado. Las pruebas están a la vista. Hay que construir puentes, y “no” muros.
El autor es periodista-analista internacional.