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Pensando como niña y actuando como científica

De niña nunca pensé que mi sueño sería ser bióloga y participar de investigaciones con el objetivo de crear conocimiento científico inclusivo, comprensible y disponible para todos. Lo más loco es que lo estoy logrando.

De niña no vi sendero claro por dónde encaminarme. Me aborrecía seguir la normalidad. Quise ser muchas cosas, desde astronauta hasta cantante, pero jamás pensé ser científica. Todo parecía tan distante como imposible en la realidad que vivía.

De grande me di cuenta de que la palabra imposible se vuelve pequeña y el poder que tiene comprender que pensar como niña es un regalo. Encontrar mi pasión fue difícil. Internalicé y debatí mucho conmigo misma. El qué dirán y los escenarios mentales en cada profesión me agobiaban.

Al participar del concurso “Jóvenes científicos” de Senacyt en el último año de colegio, sin conocer lo asombroso de montar una investigación real desde cero, reconocí lo que me hacía feliz. En el camino conocí mujeres increíbles que me enseñaron la posibilidad de adentrarme en el mundo científico sin miedo. En ese momento sentí como desaparecían los cuestionamientos intrusivos sobre mi vida profesional futura, viendo cómo ellas ejercían en lo que les hacía felices.

Todo ocurrió muy rápido. Ganar aquel concurso de investigación científica en primer lugar y representar luego al país en Argentina me abrió muchas puertas. Generé oportunidades que parecían inimaginables, fui curiosa como una niña y ese fue realmente mi poder.

Conocí personalmente a aquellas mujeres que había visto en televisión y de pronto me convertí en ellas para otras como yo. Fui la voz para aquellas niñas que por temor no desafiaban lo polémico, a las que ahora ofrecía charlas en colegios para ayudarlas a reconocer que, en la ciencia, si te lo propones, puedes triunfar sin importar el género. Incluso, conocí a una chica que estudiaría biología por mi experiencia.

Esta es la importancia del 11F, Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia: demostrar desde temprana edad el poder encontrar vocación en profesiones distintas a las que el mundo ha normalizado para cada género, reconocer la necesidad de salirse de los moldes y luchar contra la normalidad, con el vivo ejemplo de mujeres, adolescentes y niñas que con su voz dicen: sí puedo.

La autora es estudiante de biología en el Centro Regional Universitario de Azuero y becaria de Senacyt para Ciencia en Panamá


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