LA BIODIVERSIDAD

Lo pequeño e invisible

Diariamente se libra una guerra ante nuestros ojos, debajo de nuestras uñas, dentro de nuestros intestinos, en cada rincón de nuestra piel, como en los océanos, los campos y los manglares. A este campo de batalla entre microorganismos (bacterias y hongos) se le conoce como “microbioma”. Su trabajo principal consiste en descomponer y reciclar nutrientes. Algunos conducen a infecciones y enfermedades desagradables; otros mantienen un equilibrio saludable al vencer con éxito a sus homólogos dañinos.

Los microorganismos son una fuente importante de productos naturales y compuestos líderes para la obtención de antibióticos, antiparasíticos y anticancerígenos. Tales fueron los casos de la penicilina y la estreptomicina: antibióticos descubiertos a partir de un microhongo y una bacteria, respectivamente. En Panamá, Coibamida A es un compuesto líder con capacidad anticancerígena producido a partir de una cianobacteria aislada de la biodiversidad de isla Coiba, descubierta en 2008 por un equipo de investigación que incluyó investigadores panameños de Indicasat AIP.

Esta actividad de potencial biotecnológico incluye posibles usos de microorganismos o sus productos naturales para producción, manejo y tratamiento de enfermedades y plagas de cultivos de importancia agrícola como café, cacao y maíz. Lo mismo aplica para especies de interés forestal y se considera con potencial para desarrollarse en biorremediación del medio ambiente.

“Contamos con una alta riqueza de especies de microorganismos en Panamá, lo cual representa un gran potencial biotecnológico de nuestra biodiversidad microbiana”, declara Luis Mejía, Ph.D., quien estudia microorganismos con potencial biotecnológico, y contribuye a investigar y mantener nuestra biodiversidad. Esta tarea ha contribuido a establecer el proyecto del BioBanco Panamá, que garantiza una mayor comprensión del potencial biotecnológico de lo que nos rodea, y un uso responsable por las generaciones actuales y futuras. El BioBanco, una iniciativa de Indicasat AIP con el financiamiento del Fideicomiso de Agua, Áreas Protegidas y Vida Silvestre del Ministerio de Ambiente, sigue las directrices del Protocolo de Nagoya y es la primera estrategia regional para la conservación de hongos.

La biodiversidad suele ser asociada con la fauna animal y la flora. Sin embargo, ella incluye estos y otros organismos invisibles a nuestros ojos. Para conservar la naturaleza debemos proteger tanto a los productores (plantas), a los consumidores (animales), como a los recicladores (bacterias y hongos). Identificarlos y comprender su importancia es objetivo principal y norte del BioBanco Panamá, y de los científicos que colaboran con este proyecto, que merece ser más y mejor conocidos.

La autora es encargada del proyecto en Indicasat AIP y miembro del Movimiento Ciencia En Panamá

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