El santoral conmemora hoy a Francisco de Sales (1567-1622), obispo y doctor de la Iglesia católica. San Francisco escribió textos de gran erudición, así como artículos breves y modestos que circulaban como hojas sueltas. Por su obra escrita de gran sustancia, impacto y desenvoltura, el papa Pío XI (1922-1939) lo proclamó patrono de escritores y periodistas.
En su encíclica Rerum omnium perturbationem (1923), Pío XI comentó que los textos de Francisco de Sales proveen lecturas agradables por su manera de escribir “digna aunque sencilla” y su “maravillosa agudeza de pensamiento y gracia en la expresión”. Encomió su “estilo tan elegante, tan esmerado, tan impresionante” que persuadía con facilidad hasta a sus más feroces detractores.
La lectura de la encíclica invita a una reflexión acerca de nuestro periodismo. La escasez intelectual y la degradación moral que imperan en otros ámbitos —sobre todo en la esfera política— también han impactado al periodismo panameño. En la actualidad, aquellas cualidades que Pío XI atribuyó a san Francisco son raras, por no decir inéditas, en el medio comunicacional.
Contrario a lo que dice Rerum omnium acerca del lenguaje usado por Francisco de Sales, hay mucha precariedad en el léxico y la sintaxis de los periodistas panameños, tanto entre los que se dedican a la prensa escrita como (sobre todo) entre los que operan a través de la radio y la televisión. Es muy probable, por cierto, que la mayoría de ellos no sepa, siquiera, lo que significan léxico y sintaxis, menos aún que entiendan materias esenciales al periodismo como la concordancia requerida entre las partes directamente relacionadas de la oración.
Ver los noticieros y programas de opinión es un suplicio, no solo por la manera en que en ellos se desguaza el idioma, sino por la defectuosa pronunciación, la entonación estridente y chillona, y la tosca gesticulación, repleta de morisquetas y aspavientos. Estas deplorables características contrastan con la dignidad, moderación y sobriedad que Pío XI atribuye al santo patrono de los periodistas y escritores.
Llama la atención el bajo nivel educativo de muchos comunicadores y su falta de referencias históricas, socioculturales y de otra índole, relevantes a la tarea informativa y orientadora que presumen cumplir. Estos rasgos, así como el pobre dominio de la lengua castellana, son atribuibles a un deficiente sistema escolar y sitúan a muchos de ellos a años luz de la perspicacia, el ingenio y la amabilidad que distinguían al obispo y doctor de Sales.
En otros tiempos, el periodismo era un escenario en que actuaban estadistas y literatos de gran talento idiomático. Sería larga la enumeración de los comentaristas y formadores de opinión o “publicistas” y “polemistas”, como antaño se los llamaba, que rendían un auténtico servicio ciudadano a través de sus intervenciones públicas.
La lista, sin embargo, no podría dejar de incluir a ensayistas como Justo Arosemena, padre de nuestra nacionalidad, Gil Colunje, Rodolfo Aguilera, Nicolás Victoria Jaén, Harmodio Arias, Guillermo Andreve, Eusebio A. Morales, Octavio Méndez Pereira, Domingo H. Turner, Samuel Lewis Arango, Ignacio Valdés, Manuel Celestino González, Rodrigo Miró, Juan B. Gómez, Carlos Iván Zúñiga y Ricardo Arias Calderón; a poetas populares como el mulato Urriola, León Antonio Soto, mártir de la nacionalidad y Gaspar Octavio Hernández; y a cultores de varios géneros literarios, como Gil Blas Tejeira, maestro del epigrama, Leonidas Escobar, Mario J. de Obaldía, incomparable versificador, Gloria Guardia, novelista y académica, y Guillermo Sánchez Borbón, el columnista más valiente y cotizado de los años 1980.
Si la falta de intelectualidad es una de las propiedades del periodismo panameño, la insolvencia moral es otra. El periodismo no suele entenderse como un servicio público, orientado al bien común, sino como una plataforma para la figuración o, peor aún, para el enriquecimiento a través de la corrupción que los propios comunicadores critican tan duramente en la esfera política.
Sobre el pago de coimas a periodistas, sin embargo, poco o nada se dice públicamente. Lejos estamos de un periodismo que nunca transige “cuando la verdad está en juego”, que atiende “el estilo literario” y expresa sus pensamientos “claramente y con lenguaje hermoso” y que se esfuerza por combatir “las artimañas de los malvados”, como lo propone Pío XI en su encíclica sobre la vida ejemplar de Francisco de Sales.
El autor es catedrático de ciencias políticas y director de la maestría de relaciones internacionales en FSU de Panamá