En la carrera de la competitividad los países buscan ser más eficientes en el uso de los recursos, con miras al crecimiento sostenible de la economía, a largo plazo, con la finalidad de atraer a las grandes empresas, inversionistas y mantener la capacidad de producir bienes y servicios.
No es tarea fácil ser competitivos en un mundo globalizado, porque no es una tarea a corto plazo. Al contrario, es parte de una política a largo plazo para crear el marco regulatorio necesario que le permita al país un avance en infraestructura moderna, con incentivos a la creatividad, a la innovación y a la productividad, integrando pilares de bienestar adecuados, como educación, salud y seguridad.
En lo que corresponde a Panamá, no cabe duda de que el país ha logrado consolidarse como un destino atractivo a las inversiones, por su nivel de globalización. Este destino es el principal referente de competitividad en Centroamérica, y el segundo referente en la región cuando incluimos a América Latina y el Caribe.
Para el Foro Económico Mundial, en el Índice de Competitividad Global estamos en la lista de los 50 más competitivos. El istmo logró avances notables en los últimos años, pasando de la posición 65, en 2005, a la posición 42, en 2016. El país recuperó 23 posiciones en un período de 10 años, según la evaluación que abarca a 138 economías.
Entre las grandes ventajas que tenemos resalta la estabilidad macroeconómica, segura y confiable, para locales y extranjeros. A pesar de que la economía ha disminuido su crecimiento, aún mantiene un incremento moderado, superior al promedio que logran las economías vecinas. Sin embargo, en las evaluaciones económicas nunca nos debemos conformar con la posición del país, sin medir el impacto en el contexto global de dicha evaluación. Es decir, el puesto 42 nos coloca entre los 50 más globalizados y competitivos, pero en la carrera de competitividad aún tenemos una piedra en el zapato que condiciona nuestro crecimiento. Se trata del desarrollo económico que necesitamos promover a favor de nuestra gente (esa persona que viaja en transporte público, que necesita medicamentos y demanda seguridad diaria para ir a laborar).
Las instituciones que dictan las reglas del juego, la Salud y la Educación forman la piedra en el zapato de la economía de Panamá. En cuanto a las instituciones, ocupamos la posición 70 dentro de la evaluación. La falta de transparencia y los numerosos casos de corrupción demuestran que los recursos se acumulan en unos pocos, sin justificación.
Hay que insistir en las instituciones porque son las encargadas de dictar las leyes y normas que promueven los incentivos en la sociedad. Como muestra del rol de las instituciones, en el indicador de “independencia judicial” ocupamos la posición 118, y en la desviación de los fondos públicos, el puesto 103. Estos son aspectos que debemos mejorar, si queremos llegar a ser grandes.
Los ejemplos más concretos y modelos a seguir son Suiza y Singapur, que ocupan las primeras posiciones de este índice mundial. Ellos se han preocupado por mantener instituciones fuertes y duraderas, sin ligarlas a los períodos de gobierno.
Un factor clave para el desarrollo es la salud y la educación, aspectos en los que debemos preocuparnos cada día, para ser más eficientes y ofrecer un marco de bienestar y calidad de vida a los ciudadanos. En el pilar “salud y educación” ocupamos la posición 87, lo que refleja la necesidad de gasto preventivo para el cuidado de la salud y la calidad educativa, utilizando la tecnología de manera estrategia y promoviendo el liderazgo docente.
La calidad educativa debe abarcar todos los niveles para que el egresado universitario tenga las capacidades y habilidades que demandan los empleos y obtengan ingresos adecuados. Actualmente, el 75% de la población devenga un salario por debajo de los 800 dólares mensuales, mientras que, en el índice de “educación superior y capacitación” ocupamos la posición 86.
Ser competitivos es más que una posición global, es medir nuestras ventajas y las oportunidades de mejora en cada indicador. No podemos ser competitivos, si en esa carrera flaqueamos en las instituciones, salud y educación. Estos son pilares propios de una sociedad de conocimiento.
Un país con reglas claras, con confianza en sus instituciones, en sus líderes y sus partidos políticos, es próspero y con capacidad para generar un crecimiento que llegue a todos, sin distinción del tipo de cuna de donde viene la persona.

