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Plata en el bolsillo

Plata en el bolsillo es lo que atrae el voto, clientelismo puro y duro. Voto específico, principalmente de quienes denominan algunos el “votante mediano”. Ese del ciudadano que gana menos de mil balboas mensuales, no paga impuestos, vive en las periferias de la ciudad de Panamá y no tiene educación universitaria. Posiblemente este grupo de panameños representa el 50% de la población. Precisamente el que sufraga a través del “qué hay pa mi” o a quien se le convence con el pavo, el arroz, el jamón o la bolsa de comida. Por eso en Panamá hay candidatos a presidente que ganan con poco más del 30% de los votos, porque le saben llegar a este elector. Lo hizo el PRD en 1994 y en 2019. Y esta vez para reelegirse siguen apostando a este grupo dándoles más vales, colocándolos en planillas, otorgándoles dádivas y toda clase de prebendas. El votante mediano lo que quiere es dinero en el bolsillo o así parece. Para él la corrupción, el Seguro Social (que en su mayoría no utiliza porque no paga cuotas), las botellas, el despilfarro de fondos públicos, la falta de justicia o la impunidad, son asuntos que no le competen.

Por supuesto que estamos generalizando porque muchos, e incluso podría ser la mayoría de este segmento ciudadano, tienen conciencia plena de cómo votar para el bienestar del país y así lo hacen. Pero de alguna manera por allí va la cosa, cuando sitios como San Miguelito, Arraiján, Las Mañanitas, La 24 de Diciembre, Pedregal o Juan Díaz, entre otros, es donde más movimiento clientelar en concepto de transporte, de dinero o de comida se nota. Dentro de un sistema en el que, además, por ley se le otorgan millones de dólares a los partidos políticos que practican este entramado maléfico. Ante un sistema que les permite a funcionarios buscar la reelección, donando enseres a sus electores en las narices de la Fiscalía Electoral, que ni se inmuta. Una lucha desigual contra el que está en el poder, utiliza fondos públicos para beneficio personal, en adición al subsidio millonario del Estado que recibe su partido político y que también le favorece.

Que quede claro que no estamos demonizando a un importante grupo de electores de los sectores populares, con un fuerte poder de decisión. Pero su realidad socioeconómica sencillamente los obliga a ceder frente a pretensiones dudosas e inmorales. La campaña pasada casi gana un candidato que prometió más plata en el bolsillo. Fue vencido por otro que hizo lo mismo, aunque en menor escala, puesto que tenía mucha mejor organización y contactos en el interior (de hecho, Cortizo se convierte en el primer mandatario en la era democrática que gana la Presidencia perdiendo en la provincia de Panamá). Ahora tendremos por lo menos tres grupos que apuestan a este mismo estilo (CD, RM y PRD), en adición a propuestas de aparentes candidaturas “independientes”. Sobre todo, la de una diputada de gobierno (que además se dice que utiliza activistas pagados desde las planillas de la Asamblea Nacional) y otra del candidato de un partido de oposición. Ambos robándose el mandado de la libre postulación, apoyados por una legislación a la medida frente a la comodidad de no tener que renunciar a su partido político. Pero que al final, lo más probable, terminarán uniéndose a quienes les convengan luego de demostrar su caudal político (lo hizo hace unos años el actual contralor de la República, aunque aquella vez el PRD sacó menos votos que nunca), para exigir y obtener privilegios electoreros.

Con este sistema que tenemos, no me queda duda que la democracia panameña es una pantomima. Y así será hasta el día que podamos elegir gobernantes que se dediquen a educar, formar y orientar culturalmente a este segmento de la población, el “votante mediano”. Que, si bien extremadamente valioso y de extracto muy popular, sigue sumido en el abandono y viviendo entre la delincuencia, la pobreza y la basura. De manera que en vez de aprovecharse de él y solo buscarlo para obtener su voto con falsas promesas, le permitamos tener la oportunidad de superarse intelectual y profesionalmente. Y esto se logrará disponiendo más recursos en la educación, en el emprendimiento, en la cultura y en el deporte. No en la prebenda, la canonjía, la limosna, el subsidio, la dádiva e, incluso ahora, la narcopolítica, cuando funcionarios o cercanos familiares de éstos cada vez están más involucrados en actos delictivos de alto vuelo.