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Plebeyo yo

La semana pasada se dieron varios hechos en Panamá, que son dignos de analizar. El primero y quizás el más preocupante, fue la publicación de los resultados PISA, que nos presentan una especie de radiografía de la situación de la educación en Panamá. Estas pruebas le quitan el velo a una condición, que muchos sospechábamos y algunos veníamos advirtiendo desde hace algún tiempo atrás.

Cuando se inició la pandemia, advertimos sobre las terribles consecuencias de tener las escuelas cerradas, pretendiendo que la educación se come como quien pide comida por algún servicio a domicilio. Ni siquiera la comida sabe igual cuando la envían en moto, a menos que uno viva frente a la pizzería del barrio.

Definitivamente que había “alguien” convencido que las prioridades eran otras. Lo más triste es que muchos lo comentamos, pero esas recomendaciones cayeron en sacos rotos. En nuestros escritos decíamos que la brecha entre los egresados de colegios particulares y de los oficiales, se abriría más y bueno, no había que ser “Madame Kalalú”, como pretendieron descalificarme, para darse cuenta lo que se nos veía encima. Me dicen algunos profesores de varias universidades que los egresados de las escuelas vienen con serias deficiencias en adivinen cuales materias. Las mismas en que en las pruebas PISA marcamos malísimamente mal: matemáticas y lectura.

El daño que se le ha venido haciendo a nuestra juventud y por ende al país, es criminal, por decir lo menos. No se si en el código penal hay penas destinadas para castigar a los responsables, pero por lo menos se les debe someter al escarnio público.

El nuevo gobierno, deberá con suma prioridad, implementar nuevos sistemas de educación, que sirvan para que los niños y jóvenes aprendan, no a memorizar, sino a comprender, analizar y proponer. Solo así en algunos años podremos rescatar al país del vacío en el que los últimos gobiernos nos han querido sumir.

Ahora, estos sistemas educativos deberán estar basados en la promoción de fuertes enseñanzas de valores cívicos, éticos y morales, que no caigan en el fanatismo al que algunos políticos nos han querido imponer, sino en la capacidad de leer y comprender lo que se lee, en la implementación del pensamiento crítico y en la capacidad de poder expresarse correctamente. Hay que educar para crearles las bases a los muchachos para las nuevas carreras que han venido surgiendo.

Por otro lado, uno de los eventos que pasó casi que desapercibido, fue la celebración del Día Internacional contra de la Corrupción. Solo uno o dos de los candidatos a la presidencia de la república resaltaron el hecho, salvedad hecha de un par de fotos y memes en las que aparecían diputados de la república como ejemplos; quiero pensar yo que deben ser ejemplos de lo que no se quiere ni debe promover.

Gracias a gestiones de organizaciones como la Fundación para el Desarrollo de La libertad Ciudadana (Capítulo Panameño de Transparencia Internacional) y de la Fundación Espacio Cívico, solo para resaltar algunas, la corrupción se ha colocado en los principales problemas que los panameños detectamos como causantes de muchas de las cosas que suceden (o que no suceden en el país), cuando antes casi que ni marcaban.

Es que los panameños se han ido dando cuenta que gracias a la construcción o “reparación” innecesaria de calles y avenidas, se “perdieron” muchos recursos que pudieron haberse utilizado para la construcción y mantenimiento de escuelas, hospitales y tantos otros servicios que debe prestar el estado.

Hay presidentes que se creyeron emperadores o terratenientes de no solo de su pedazo de península, sino de todo el país. Y así como no les pagaban a sus suplidores o demoraban hasta 6 meses en hacerlo, le pusieron varias “capas de asfalto” a avenidas que no lo necesitaban, mientras construían rotondas con menos carriles de los que se debían construir.

Otros que, por hacerle maldad a su predecesor, dejaron que construcciones que servirían a la población en general, casi que se dejan perder y en época de pandemia se probaron indispensables. Todo esto sin hablar de la falta de medicinas en las farmacias del ministerio de salud o de la CSS. O sea, las decisiones se tomaban con el estómago en lugar de la cabeza.

La corrupción nos hace tanto daño que a veces no nos damos (o no queremos darnos) cuenta.

Ojalá en mayo del próximo año, no votemos como actuaron esos malos panameños, sino que pongamos en acción un plan para que no reelijan ninguno de esos diputados que en tantos años han pensado en sus bolsillos y no en el bienestar de los panameños.

Empecemos a actuar como ciudadanos y dejemos el comportamiento de plebeyos en la época media, donde debió quedarse hace muchos años.

El autor es analista político y activista cívico


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