Recientemente una amiga preguntó que podía hacer contra la corrupción. Sentía frustración e impotencia, al pensar que sus acciones fuesen ineficaces e insuficientes. De seguro te sientes así también.
Comencemos por vislumbrar que el sistema democrático requiere, necesariamente, del aporte de la ciudadanía en el fortalecimiento de las instituciones, como un ejercicio indirecto de la soberanía del pueblo. La corrupción es un flagelo que vulnera derechos humanos, acentúa la desigualdad social y afecta el desarrollo de la población. La participación de la ciudadanía para enfrentar este flagelo es una condición imprescindible para obtener resultados positivos y sustentables.
Concuerdo que votar es una herramienta vital, si es que votamos correctamente. Pero, si podemos lograr mucho más como ciudadanos. Por ejemplo, educa cívicamente a tus hijos en el hogar. No esperes a que sea en la escuela. Los niños son el futuro y que crezcan repudiando estos actos es trascendental. También puedes ser más activo denunciando actos de corrupción. Aunque sean a nivel local en tu comunidad. Podemos también renunciar a ser meros testigos sociales de este flagelo y existir como protagonistas, al fomentar y participar del activismo ciudadano en contra de la corrupción. Participa en marchas, expresa tu repudio en redes sociales. Inclusive, si tienes timidez social, pues cero estrés, por lo menos conversa el tema con tus familiares, vecinos. Importante es compartir con todo nuestro entorno nuestra posición. La corrupción no es aceptable ni congénita a nuestra sociedad. No lo es.
Recientemente, en una manifestación, escuché sobre la iniciativa de muerte civil. Aunque la palabra muerte da una connotación muy drástica, la iniciativa busca promulgar leyes que no le permitan a un corrupto comprobado, volver a ejercer cargos públicos en su vida. Yo estaría en favor de dichas leyes. Pero qué te parece si además de muerte civil consideramos el término de muerte social para los corruptos. Implicaría que, como ciudadanos, asumamos un rol protagónico y comencemos a segregar a estos mercenarios de nuestras actividades sociales. Por ejemplo, al encontrarte estos delincuentes en una reunión, en un restaurante, en un lugar público, déjale saber a todos los presentes que no estás dispuesto a compartir tiempo y espacio con un corrupto. Y definitivamente, no les aceptes en tu casa.
Un problema actual en Panamá es que aun sabiendo que alguien es corrupto, que nos ha robado indiscriminadamente, si nos lo encontramos, corremos a saludarlo. ¿Por qué hacemos esto? ¿No crees que estás fomentando a través del servilismo y de la resignación, a que estas personas continúen pensando que está bien lo que hacen? Gente, realmente tenemos muchas herramientas como ciudadanos para combatir la corrupción. Lo primordial es que dejes de ser mero espectador de esta película de terror que actualmente se desarrolla en nuestro país.
El autor es doctor en negocios internacionales